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Le Clézio y el Panamá profundo


Tras un reciente viaje a Santa Fe, me he interesado en nuestra vida rural, la vida del Panamá profundo, un espacio pobre materialmente, pero que en muchos aspectos es más rico y generoso que la capital. Abajo transcribo una pequeña crónica.

Más o menos en el año 2006, como parte de un proyecto de responsabilidad social, Yolanda Ríos de Moreno y mi persona escribimos ficciones y leyendas inspiradas en los emberá. Para eso, convivimos por varias semanas con una familia de esa etnia. Supe entonces que los indígenas son el ala que occidente necesita para alzar vuelo. Para los emberá, la tierra es de todos y de nadie: la tierra no tiene dueño. Y sus sueños son tenidos como la mismísima realidad; si alguno ve dormido que algo ocurrirá al despertar, pasa el día temeroso, cauto ante la profecía. Esto, que podría (pre)juzgarse como propio de comunidades atrasadas, tiene consecuencias grandiosas para el autoconocimiento humano; sino lo creen, revisen las obras de Freud o, mejor, las de Carl Jung.

Jean-Marie Le Clézio dedicó el Premio Nobel a una mujer emberá, mujer que seguramente se debate a diario entre morir de hambre o apenas sobrevivir – el 85% de nuestra población indígena es pobre. Le Clézio agradeció a las historias de esa mujer la notable condecoración.

 

Panamá es más hondo que extenso: el territorio se reúne en pocos metros, pero nos desconocemos aunque estemos cerca.

Recientemente, viajamos a Santa Fe, provincia de Veraguas. Un alumno me dijo que Alto Piedra era ideal para acampar y gracias a Google me hice de la información necesaria para llegar ahí. También “gugleé” para conseguir los teléfonos del Hotel Santa Fe, alojamiento que no nos defraudó. Después de una llamada, Leslie Marín, quien con su socio Greg dirige el sitio, me hizo una reservación y me dio buen precio. Alistamos las maletas y nos preparamos para alejarnos del bullicio citadino.

Pero más que alejarnos de la ciudad, nos hundimos en nosotros mismos: el verdor es lo que somos. Bajo el concreto o los modos urbanos, la tierra late. Siempre he pensado así aunque soy un ser urbano, sin lugar a dudas. ¿Quién no quisiera liberarse de las cadenas de la llamada civilización?

 

Y con esta reflexión me despido por ahora. Continuaré relatando esta crónica el siguiente domingo. Que estés muy bien.


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726674
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América