"Me empezaron a temblar las piernas mientras más gente veía", confesó Irving Saladino en relación a la bienvenida que recibió en horas de la mañana en la ciudad capital.
Arribó al país procedente de Brasil, junto a su novia Keilla Silva, a las 9: 55 de la mañana.
En caravana y sobre un carro del Cuerpo de Bomberos, Saladino partió del Aeropuerto Internacional de Tocumen hacia el Estadio Rommel Fernández, donde era esperado por aproximadamente dos mil personas, la mayoría estudiantes.
Durante su recorrido, el atleta fue aplaudido por las personas que salían a las aceras de la vía Tocumen.
El primer gran momento del recorrido lo vive en la entrada de Pedregal, cuando un montón de niños de la Escuela República de Gran Bretaña gritaba ¡Saladino, Saladino!
En la entrada de la comunidad de Concepción, en el corregimiento de Juan Díaz, otro grupo de pequeñines lo esperaba, pero a diferencia de los anteriores, éstos gritaban: ¡Viene el canguro!, emulando algunos el estilo de brincar de este mamífero australiano.
En la escuela Ernesto T. Lefevre otro grupo de estudiantes lo recibió al sonido de la banda de música.
El número 1 del mundo en salto de longitud llega al Rommel Fernández a las 11 de la mañana, donde recibe una serie de distinciones, siendo la más destacada la Medalla Manuel Roy, máximo galardón en el deporte panameño.
El colonense dio las gracias a los presentes en el coliseo, donde se notó su voz resquebrajada por momentos.
Saladino agradeció a su entrenador Florencio Aguilar, quien está en Colombia, representando al país con un grupo de atletas.