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Lectoras en el Metro

Mis hijas y yo nos fuimos en Metro a Madrid. Papá tenía una reunión y yo me llevé a mi asistente personal, Lucía, en cuyo ...


Mis hijas y yo nos fuimos en Metro a Madrid. Papá tenía una reunión y yo me llevé a mi asistente personal, Lucía, en cuyo corazón baila el primer amor, y a mi secretaria, Aitana, la pequeña, responsable de ver todos los días en nuestro buzón si me han llegado cartas. Perfectamente complementado por dos de las mujeres de mi vida, salí para Madrid.

Pero los preparativos tuvieron su enjundia femenina: carteras floreadas, botellitas de agua para la sed, dinero de sus alcancías -por si acaso nos provoca comer algo por Madrid-, y libros. Sí, libros. Cada una metió en su cartera un libro -para el viaje papi-, y yo que pensé que iríamos conversando. Llegamos al Metro, se sentaron, los abrieron y allí estaban, leyendo, perdidas en sus historias, encontrándose con otras rutas para la vida mientras las estaciones se sucedían en la ventana.

 Lectoras en el Metro

Las miro y pienso en todo esto de la lectura, los niños, la sociedad, la cultura, el desfile Disney, la Feria del Libro, la corrupción galopante, la falta de memoria, el apego a la ignorancia, la necedad que padecemos, la indolencia que nos va a quitar lo que tenemos. Pienso, y vuelvo otra vez al libro, a la lectura, a la música, al cine, a viajar, a la lectura de unas niñas en el Metro de cualquier capital del mundo y también la panameña. Al final, la clave está en el interés y la voluntad que pongamos en la cultura.

Espero que a ninguno le suene reiterado, pesado y cansino que domingo sí y domingo no, abandone los temas literarios y más o menos gozosos por esta cantinela apesadumbrada y quejosa sobre nuestra circunstancia cultural.

No queda, la mayoría de las veces, más solución que levantar la voz e invertir tiempo y esfuerzo en denunciar la penosa situación en la que nos encontramos.

Si nos callamos, si nuestro gesto da a entender que en realidad esto no es importante, los entusiastas de la ignorancia creerán que estamos de su lado.

Solo vamos a mejorar si somos capaces de elevar nuestro nivel cultural. Es increíble que en un país como Panamá sigamos sin una verdadera política cultural. Y sé, me consta, que hay mucha gente trabajando pero aún queda mucho por hacer y mucho por corregir de lo que se está haciendo. La fragmentación de los esfuerzos, las mezquinas metas de unos contra las de los otros, va a dificultarnos alcanzar la excelencia en cultura. Debemos estar unidos, diversos, con sabores distintos, pero comprometidos con la búsqueda de una visión a largo plazo de nuestro país. El solo mercado, los meros números, deshumanizan sociedades.

Si vamos a dejarles a nuestros hijos, sobrinos, nietos, una herencia, que sea el ejemplo de sus mayores luchando por mantener a su país dentro del criterio, del conocimiento, de la búsqueda de un equilibrio entre la cultura y la vida. Leguémosle la lectura, la mirada crítica y escéptica, el alma y la razón sensibles a la belleza. Panamá es mucho más que arrancarse para las fiestas, es más que chupadera y carnavales, es más que un lugar donde venir de compras o de turismo, debe ser un punto de encuentro cultural, un destino que atraiga, por el valor que le damos a nuestro acervo, a otros visitantes, a esos que no vendrán a pagarnos barata nuestra ausencia de autoestima como sociedad.

Las vi leer en el Metro y supe que esa es la herencia, que esa es la senda. No podemos seguir ocultando nuestra negligencia cultural detrás de glorias deportivas, de números y estadísticas engordadas adrede para hacernos sentir más valorados: o nos ponemos manos a la obra o seremos los tontos útiles en esta trama que terminará con el secuestro moral de nuestra sociedad para convertirnos en ciudadanos "pro mundi beneficio" que no se benefician de nada. Esa será nuestra ruina, la de no aprovechar los minutos de Metro para leer y preguntarnos, otra vez, si esto es todo, si éste es el futuro que soñamos ayer.


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992884
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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