Perfil
Al maestro Felipe Garrido (Guadalajara, México-1942) lo encontramos cómodamente sentado en un sofá instalado en el umbral del vestíbulo del hotel y con los ojos clavados en un libro. Lleva más 20 minutos esperando, pacientemente, que llegue el equipo de periodistas con los que se citó para una entrevista. El viene de México y sabe que en las metrópolis importantes, el tráfico suele conspirar contra las agendas de propios y extraños.
Como intelectual, promotor y amante de la lectura, sabe que la mejor manera de sacar provecho de un es abrir un libro y consumir todas las páginas posibles. Así lo hacía cuando llegamos a su encuentro.
impasseBastaron media hora y una frase para comprenderlo: “Si un maestro conoce los libros, no cuesta ningún trabajo transmitirlos”.
De hablar pausado y seguro, Felipe Garrido -quien es desde hace casi 50 años maestro de literatura y de creación literaria en la Universidad Nacional Autónoma de México-, asegura que pese a los dialectos existentes en los 22 países que conforman la Asociación de Academias de la Lengua Española, “hemos adelantado un gran camino en la ruta de entendernos”.
Sin embargo, le preocupa que no se hayan refinado los mecanismos educativos para cazar más lectores entre la juventud.
“Uno de los pasos que tenemos que dar en nuestros países, si queremos que nuestros jóvenes lean, es conseguir maestros lectores”, dice.
El “Maestro”, como lo tratan quienes están en su entorno, se pone como ejemplo en cuanto a la importancia de tener educadores que motiven.
“Tuve muy malos maestros de literatura, pero tuve muy buenos maestros de otras cosas, que me acercaron a la lectura”, asegura.
Garrido, quien es ganador, entre otros, del Premio Jalisco en Letras en 2012, identifica en el cuerpo de maestros gran parte de la deficiencia en los guarismos de lectoría, puesto que sin ellos como base, resulta complicado generar mayor interés en la lectura.
El director adjunto de la Academia Mexicana de la Lengua cuenta que los niveles de lectoría en su país apenas alcanzan el 11% de los 30 millones de personas alfabetizadas en un universo de 112 millones de habitantes. “Es decir, que serían aproximadamente unos 4 millones de lectores, cifra bastante cercana a la población panameña”, analiza.
“La proporción es curiosa” -dice- y explica que “esa simple diferencia de tamaño provoca otras diferencias, porque para atender a una población de ese tamaño hacen falta mecanismos muy cuidadosamente armados, si no, a veces se convierten en un desastre”.
Aclara que en este porcentaje están incluidas solo las personas identificadas como lectores permanentes, es decir, las que lo hacen por el gusto de leer, y no aquellas que leen para suplir una necesidad, ya sea de trabajo o estudios.
“No estoy tan seguro de que la gente joven necesite de una literatura diferente. Hay un terreno muy seguro que son los clásicos; libros que llevan 600 años reeditándose y son releídos”, argumenta el escritor mexicano que presentó esta semana en la FIL-Panamá su libro “Para leer mejor. Mecanismos de la lectura y de la formación de lectores capaces de escribir”.
Señala que los clásicos tienen un gran atractivo entre los lectores y, en el caso de los más jóvenes, toca a los adultos ayudarlos para que los descubran.
“El problema es que el maestro tiene que conocer eso; si no lo conoce, no puede hacerlo. Si un maestro conoce los libros, no cuesta ningún trabajo transmitirlo”, abunda.
Diálogo regional
Sobre la manera como se comunican y entienden los pueblos y países más al sur del río Bravo, Felipe Garrido advierte que no se trata de un asunto sencillo y que aunque los dialectos son diferentes, “se parecen lo suficiente para que el idioma nos una”.
“Así, las diferencias más bien nos divierten cuando nos damos cuenta de ellas. A veces pueden provocar algo de confusión, pero si la intención es entenderse, no hay ningún problema”.
A su juicio, a los países como los nuestros los une no solo el lenguaje o el idioma, sino también las historias, que muchas veces son paralelas del mismo enemigo que ha estado en el norte.
La presencia del maestro Garrido en Panamá con motivo de la X Feria Internacional del Libro le ha servido para confirmar que hay ciertos rasgos de la historia de Panamá que no le son difíciles de entender.
“A veces nos quejamos mucho de lo mal que nos conocemos una literatura con otra. Creo que es natural que suceda porque hay países que tenemos una historia vieja porque gente de Honduras, Argentina, Colombia y Uruguay, entre otros, han estado en México en momentos difíciles y hay una tradición leernos; por eso nos conocemos mejor. Ahora, los que hemos venido a Panamá nos llevamos para México un conocimiento más amplio de los escritores panameños, especialmente de los más nuevos”.
Añade que las relaciones comerciales han sido las que se han dado con más intensidad, pero que encuentros como las ferias de libros, la cultura, son una forma de relacionarse de una manera más profunda.