El primer día de cada cuatrimestre, casi a quemarropa, suelo pedir a mis estudiantes que, por un instante, visualicen a una persona a quien admiren; puntualizo que tal admiración debe ser integral, y no basada en un solo aspecto. Los personajes que salen de la mente de estos muchachos son, por lo general, un abuelo sabio, un padre o una madre ejemplares, un familiar destacado en sus respectivas profesiones, o alguien que jamás deja de tender una mano cuando se le solicita. Luego, termino preguntándoles si alguna vez los han visto leer. En abrumadora proporción, la respuesta es afirmativa.
Cada uno lee por un motivo: para relajarse, para salir del planeta (o para entrar en él), para recordar, o para olvidar. Ni menciono los que lo hacen para aprender, o procurando mejorar en cierto aspecto. Motivos hay tantos como lectores, pero ocurre que cuando leemos también aprendemos a mirar, a entendernos, a entender al mundo.
Sea cual fuere nuestra motivación, la lectura siempre será la puerta hacia todas las puertas del entendimiento, y el mundo siempre parecerá más sencillo para quien desee entenderlo primero y conquistarlo después.
A propósito, esta semana estuve leyendo el ensayo histórico titulado "Bocas del Toro y el Caribe Occidental: periferia y marginalidad, siglos XVI-XIX" (Premio Miró 2006, INAC 2007) de Celestino Andrés Araúz, en el que se nos presenta un panorama de las condiciones que sirvieron de marco para el desarrollo de esa región en el período indicado, entre incursiones intertribales y europeas, y bajo los pasos de más de un aventurero que allí se estableció.
En verdad, el libro se lee como si fuera una novela, alcanzando intenso dramatismo en algunas secciones. A medida que se avanza en el conocimiento de los rasgos históricos, se esfuma la imagen bucólica de los primeros habitantes del Istmo, y se percibe, sobre la base de documentos debidamente identificados, cuán azarosa resultaba muchas veces su subsistencia en ese ámbito que ahora es parte de la República.
Sin dudas, es una forma de aproximarnos a un pasado que nos concierne, y que explica el contexto de los hechos contemporáneos.
Si usted no es lector, jamás es tarde, comience ahora, que cada vez hay más gente haciéndolo; y si es de los que ya tiene por costumbre la lectura, ¡enhorabuena! Hasta el próximo domingo; eso sí, no olvide:
"Distínguete como panameño, lee a los autores nacionales".