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Legados presidenciales

En estos años de vida republicana hay decenas de hombres y mujeres cuya contribución ha sido invaluable. Entre esos arquitectos de la Patria hoy destacamos a seis que en los albores de república apostaron por la institucionalidad y la organización del Estado panameño.


C on motivo del 105 aniversario de la fundación de la República (1903-2008), los panameños y panameñas podemos sentirnos orgullosos de nuestros estadistas más distinguidos: Manuel Amador Guerrero, Belisario Porras, Harmodio Arias Madrid, Juan Demóstenes Arosemena y Enrique Adolfo Jiménez.

Busquemos siempre inspiración en los ejemplos de aquellas vidas glorificadas por el heroísmo, quienes pusieron de manifiesto la elevación de sus principios, la rectitud de su carácter y la pureza de su patriotismo. Sus obras son el mejor testimonio de su legado a las generaciones de ayer, de hoy y del futuro.

Manuel Amador Guerrero, primer Presidente de la República (1904-1908). Demostró durante su mandato inteligencia, calma, energía, patriotismo ardiente, integridad a toda prueba y un sentimiento arraigado de orgullo y de responsabilidad por la carga de honor y de confianza que pesaba sobre sus hombros. Su gobierno sentó las bases de la estructuración nacional. Organizó la administración pública, consolidó las relaciones internacionales, levantó el nivel cultural, formó una ciudadanía preparada para las funciones de gobierno propio, estimuló la industria, protegió el comercio, fomentó la riqueza pública, en una palabra, dio un aspecto decoroso de nación a la ex provincia pobre, de desarrollo incipiente y de cultura rudimentaria que alentaba la aspiración de ocupar con dignidad un puesto en la comunidad internacional.

 

Belisario Porras, Presidente de la República (1912-1916; 1918-1920; 1920-1924). Grandes acontecimientos se cumplieron en el país con repercusiones internas y externas, durante las diversas administraciones del Dr. Belisario Porras, estimado con justicia uno de los estadistas panameños con mayor visión del futuro de nuestra Nación. Gobernó con energía, fundó poblaciones, abrió barrios urbanos, inició la comunicación por tierra con regiones sólo accesibles por la lenta o incierta vía del mar, creó instituciones nuevas, renovó métodos administrativos, imprimió rumbos modernos y prácticos a la institución pública, creó nuevos árbitros rentísticos, transformó las vetustas urbes panameñas en ciudades con aspecto de modernidad y progreso, y con su gestión la República demostró, en más de una ocasión, conciencia de su soberanía y firme voluntad de ocupar con honor su puesto en el concierto de las naciones.

Harmodio Arias Madrid, Presidente de la República (1932-1936I). Al asumir la dirección de los asuntos públicos en el país, era profundo el malestar económico en todas partes. Las arcas nacionales estaban vacías y la deuda flotante interna de la nación alcanzaba una suma que amenazaba ya el crédito mismo del Gobierno. La administración del Presidente Harmodio Arias Madrid hizo frente a esa situación reorganizando la Contraloría General de la República y el Banco Nacional. El Tratado de Amistad y Cooperación, firmado en Washington en 1933, fue el primer instrumento que subrogó parcialmente el injusto e ignominioso Tratado del Canal de 1903. En el orden cultural, el Gobierno de Harmodio Arias Madrid creó la Universidad de Panamá, en 1935, la obra educativa más grandiosa realizada en la historia republicana.

Juan Demóstenes Arosemena, Presidente de la República (1936-1939). Su obra cumbre fue la creación y construcción de la Escuela Normal que lleva su nombre, en Santiago, Provincia de Veraguas, la cual ha logrado desde 1938, estabilizarse y desempeñar una gran función educacional hasta el presente. Fue y sigue siendo la Escuela formadora de maestros por antonomasia.

 

Enrique Adolfo Jiménez, Presidente de la República (1945-1948). Un examen somero de sus realizaciones lo coloca en primera fila entre los gobernantes que imprimieron con sus acciones rumbos de bonaza a la administración, a corta distancia de aquellos que construyeron la República. Proporciones guardadas, en su periodo de mando el Presidente Jiménez llevó a cabo las más y mejores obras que son orgullo del país. La educación pública recibió las siguientes aportaciones: la Ley 47, Orgánica de Educación de 1946, la autonomía universitaria y la dotación de rentas fijas que garantizaban a la institución su permanencia, más la creación de la ciudad universitaria, llegándose a construir sus tres primeros edificios en el sitio seleccionado por la administración para tal fin. La creación de los Primeros Ciclos de Enseñanza Secundaria en Las Tablas y Chitré, y la construcción del Colegio Abel Bravo de Colón y del Colegio Félix Olivares de David. La Zona Libre de Colón, el Aeropuerto Internacional de Tocumen, el Hotel El Panamá y los hospitales de Penonomé y el Nicolás Solano para Tuberculosos, en la Chorrera.

Creó, además, el Ministerio de Trabajo, Previsión Social y Salud Pública y el Consejo Nacional de Economía. Sancionó la Constitución Nacional de 1946 y el primer Código de Trabajo del país; firmó en su calidad de Presidente de la República, la Carta de las Naciones Unidas y el Tratado de Río. Fue, sin duda, uno de los más connotados estadistas de nuestra historia republicana.

 
Panamá, noviembre de 2008.


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414989
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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