Estamos en el umbral del inicio de un nuevo periodo escolar, el cual, como todos los años, trae consigo una suerte de ansiedad entre padres de familia, estudiantes y las autoridades del sector.
Pero, por encima de esa ansiedad, está la expectativa de ver a nuestros niños y jóvenes emprender una nueva etapa en el largo y complicado, pero promisorio camino hacia su perfeccionamiento académico, su crecimiento humano y su desarrollo como ciudadanos de bien.
Es por ello que no se justifica que ninguno de los sectores, entiéndase padres de familia, maestros, profesores y, mucho menos los estudiantes, lleven adelante acciones que tengan el despropósito de interrumpir el curso normal de las clases o impedir que estos últimos accedan a ellas.
Por lo tanto, resulta desafortunado que los dirigentes y las bases que protestan contra el proyecto de ley 415 hayan insinuado que no llevarían a sus hijos al colegio como medida de presión para que se atiendan sus demandas. Esta no debe ser una opción ni ahora, cuando se inicia el periodo de clases, ni nunca.
No se puede seguir comprometiendo el futuro de los más desprotegidos, privándolos de una herramienta como la educación que, está comprobado, es un conducto eficaz para la movilidad social y la consecuente inserción en el desarrollo nacional y personal.
Bien lo dijo monseñor José Luis Lacunza, no es recomendable poner más leña al fuego cuando se está en el proceso de hallar vías de encuentro; además, está demostrado históricamente que en este tipo de “vendetta”, los estudiantes siempre pierden
Ojalá que ni mañana ni en lo que resta del año, se tome la insana decisión de usar a los niños como carne de cañón, porque finalmente solo estos últimos sufrirán, y privarlos de la oportunidad de estudiar seguramente servirá para agravar los problemas contra los cuales están luchando, eso es echarle leña al fuego y tirar a la hoguera el futuro del país.