Pasado el entusiasmo en torno al clásico Presidente de la República nos disponemos a enfocarnos en el Belmont Stakes, tercera joya de la triple corona en la que se espera que Funny Cide rompa la barrera que por 25 años ha impedido a ocho caballos conquistar esta serie de tres competencias. No obstante, debemos puntualizar algunos aspectos sobre la jornada dominical en la que el hipódromo vistió sus mejores galas para presentar el Clásico Presidente.
Creemos que para el futuro las carreras que se presenten en las cartillas de esa índole, deben responder al interés de la administración del hipódromo y de los apostadores, más que al deseo de favorecer a un grupo determinado para que se "gane" los handicaps y figuren hasta el cansancio, sin que esto se refleje en las apuestas totales.
Si el orden y la organización estuvo bien por el lado de la tribuna chica, los salones Montecarlo, Presidencial y APPUCAPA, la concurrencia de la tribuna principal y el estacionamiento familiar no las tuvo todas consigo. En el "pool grande" los monitores no estaban funcionando en su totalidad y el audio era imperceptible, por no decir inexistente.
Por los lados del estacionamiento familiar el asunto fue horrible. Los altoparlantes anduvieron mudos, el público estaba distraído en otras atracciones y para poder encontrar un monitor de las apuestas, había que darse de codazos. De los sanitarios, ni hablar.
Una vez más se adoleció del mismo mal: mucha atención a lo cosmético y poco estímulo e información para que los visitantes transitorios de ese día se acercaran a la ventanilla para apostar.
Lastimosamente, no se pudo sacar el suficiente provecho de una carrera que hípicamente fue buena. Se estaba más embebidos en quién vendría y quién no; en a quién se le acomodaba un handicap y cuántos fotos se podían tomar con Alexis, Justine y la Presidenta, si ésta hubiese llegado a la carrera.
Muy pocos advirtieron, como lo hicimos aquí toda la semana, que la carrera al final iba ser un duelo entre dos jinetes (Alexis Solís y Camilo Pitty). Si se hubiera explotado más eso en vez que repetir el error de que Figo había ganado el Clásico del Caribe, a lo mejor más gente se hubiera percatado de que en el Presidente estaba actuando uno de los cinco mejores jinetes mundo y Figo hubiese pagado menos de ocho dólares.
Pero, a pesar de todo, nos parece que el gerente De Obaldía y su gente pasó esta prueba con una B. Afinen sobre los detalles que hemos enumerado y seguramente para el clásico Centenario, en noviembre, podrán aspirar a la excelencia.