Serás grande a través del patriotismo de los hijos nacidos en tu predio. No tendrás más caínes que te hieran con palabras falaces ni con yerros, ni judas que te vendan por dinero”.
“Patria”, Ana Isabel Illueca
(Última entrega)
R epasar la historia y sus facetas, es lo que hemos procurado hacer en estos domingos de noviembre, comentando algunas obras desde las que sentimos que nos abanica el tibio terral, fiel aviso de la presencia cercana de la Patria.
Esa sensación nos dejaron los libros “Por la senda del recuerdo”, de Marino Jaén Sánchez, y “Entre zurrones y enjalmas”, de Luis Barahona González. Hoy comentaremos dos: la novela histórica “Altivez”, del jurista y escritor davideño Carlos H. Cuestas, y “¿Por qué rezaba Mamita?”, la que animo a publicar a mi coterráneo y exalumno del Diplomado de Creación Literaria, Herminso Rovira, catedrático de la Universidad de Panamá.
Bien aprovechada, la novela histórica (o la historia novelada) constituye un valioso auxiliar en la enseñanza. Sin desmarcarla de su ámbito de ficción, con ella uno puede ver vivos y actuando a los personajes que, en los textos, aparecen planos, fríos como cadáveres, inamovibles en su episodio particular.
Es el caso, por ejemplo, de la Guerra de los Mil Días; muchos documentos que hablan sobre esta época crucial necesitan airearse más, recibir mayor atención nuestra. ¿Para qué? Pues para saber de dónde venimos; ignorarlo nos pone en riesgo de no entender para dónde vamos (si es que vamos). Este espacio no me permite mencionar un buen número de obras que en la bibliografía panameña marcan hitos (¿cómo sabemos, por ejemplo, quién fue Anayansi, la de Balboa?: historia o mito, ella forma parte del imaginario colectivo, adonde llegó sobre todo por lo que cuenta Octavio Méndez Pereira en “El tesoro del Dabaibe”).
Y en el camino al saber de dónde venimos, nos encontramos con “Altivez”, mostrándonos varios hechos capitales por los que pasó la provincia de Chiriquí, centrándose en David, entre mediados del siglo XIX e inicios de la República. Cuestas Gómez afila muy bien los lápices a la hora de describirnos, con detalles, los perfiles originales de la naciente ciudad, con sus nombres y emplazamientos originales (Calle del Fresco, Calle del Silencio… topónimos que “Culturama” procura rescatar hoy del olvido), y las revueltas y golpes de mano que en el plano político subían y bajaban poderes.
Dada la elocuente hoja de vida del autor, uno no puede dudar que las andanzas de Lucas Coba son un simple pretexto para hacernos caminar junto a él, reviviendo episodios, apreciando paisajes y personas cuyo carácter fundacional les dan autoridad para aparecer en estas páginas cuya lectura esclarecedora se disfruta de principio a fin.
Un ánimo similar motiva al profesor Herminso Rovira, cuya novela “¿Por qué rezaba Mamita?” tiene el sabor de las comidas hechas en casa, para los de casa, en ocasiones especiales, sin escatimar tiempo ni condimentos para hacerlas mejores. En cien páginas, usando como pretexto el sepelio de Francisca Rovira, “Mamita”, en El Palmar, a inicios de 1960, Rovira, junto a la trama novelesca, dibuja un cuadro que recoge rostros, nombres, lugares y costumbres que, en los albores del siglo XX, fueron fermento del que nacerían pueblos y familias, fecundos y memorables.
Le he pedido que la publique, que la ponga a disposición del público, para que vea cómo descollará con luz propia, iluminando un pasado hacia el que a menudo debemos volver el rostro para entender el presente.
Se acaba el mes de la Patria, pero la Patria es insomne y eterna. Salud.
Que la palabra te acompañe.