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Libros y concursos (1)


Los premios literarios (como las encuestas políticas, como las olimpiadas) son referentes importantes acerca de un hecho, si bien no constituyen la última palabra (Saladino, en Pekín, no realizó su mejor salto, pero fue allí donde obtuvo la mayor gloria para él y para nosotros).

En materia de premios literarios, es difícil ignorar que un libro ha sido considerado entre otros por un cuerpo de expertos (escritores, críticos o acuciosos lectores), quienes luego de intensas discusiones llegan a la conclusión de que este, o aquel, destaca entre los demás. Así como en el mundo hay premios literarios oscuros u opacos, también hay certámenes que brillan con luz propia, luz que impregna a las obras escogidas en su seno; eso se debe no solo a la calidad de quien convoca, además está la tradición del evento, el prestigio de los jurados y la rigurosidad de sus reglas.

La mitología popular da cuerpo a ciertas historias de componendas para encumbrar a tal o cual obra; puede haber algo de cierto cuando están en juego prácticas editoriales que se traducen en inversiones millonarias, o cuando se trata de concursos "chichipatis" (voz sonora y explícita con la que Ernesto Endara tituló sus "Soliloquios" del pasado domingo, abonando ese sabroso sociolecto al que a su vez aludía en la misma edición nuestro común vecino de columna, Rodolfo de Gracia).

 

Sin embargo, un concurso integralmente serio produce resultados cónsonos. He sido jurado en innumerables concursos serios, y me consta que lo más difícil del mundo sería concertar un fraude en ese contexto. Existe, en cambio, la posibilidad de que los dirimentes no sean justos; veamos por qué.

Un jurado no es más que un grupo de personas (tres por lo general) que obedecen a criterios individuales en cuanto a su apreciación de un género, y a la vez están sometidos a un marco cultural determinado por el lugar y el momento (en el arte y en la vida, lo único constante es el cambio; un jurado idóneo debe estar al tanto de esos procesos ineludibles, o producirá fallos ajenos a la realidad). El veredicto, luego entonces, puede entenderse como el criterio particular, pero consensuado, de tres personas, el cual no siempre habrá de coincidir con el de otros (existe la posibilidad del disenso interno, que genera fallos de minoría).

Finalizo como en aquellas añoradas series televisivas: "Continuará". Hasta el próximo domingo.

 

"Distínguete como panameño, lee a los autores nacionales".


fecha edicion
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402016
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América