Llegué a la Feria: Libros. Me encontré en la Feria con amigos: libros. Tertulias con café en taza de "diablo rojo": libros. Libros y libros. Grandes, chiquitos, gordos, flacos, malos, buenos, feos, bonitos, altos y bajos, libros y libros, de sueños, de pesadillas, del pasado y de futuro, de ahora y de ayer, en panameño y en español, que cruzan el charco, que se hunden en él, libros y libros, de charlatanes, de pifiosos del lenguaje, de amantes de la lengua y de los que juegan con ella, libros y libros para leerlos y ser otros.
No encuentro mejor inversión que un libro. En Madrid (hoy allá), los libros crecen en el pasillo, en la sala, en la recámara, "no te expandas", me dice mi mujer Marga Collazo, vigilante de mis andaduras caóticas de libros que inundan mi mesa de trabajo y comienzan a apoderase del resto de la casa. Libros y libros.
Una Feria no es otra cosa que un esfuerzo continuado y quijotesco de un puñado de locos que se oponen a la agenda de los entusiastas de la ignorancia que campan a sus anchas y tienen mejores cosas que hacer que estar en la Feria.
Un desprecio de arriba, que no va a quitarnos las ganas de escribir, leer y promocionar libros y libros.
Esa moda de leer y sacar los libros de la casa es una trampa en la que no hay que caer. Recuerden al viejo profeta Ray Bradbury que nos asustó con su pesadilla de días sin libros, de persecución de lectores, de una resistencia quijotesca que memorizó los libros para no perder la memoria de lo que somos. No dejen de buscar libros y meterlos en su casa y no dejen que se vayan nunca. La Feria del libro, les queda esta tarde, es una excelente oportunidad o excusa para llevarse a esos inquilinos eternos.
Leer, esa insistencia necia en vernos reflejados en unos personajes tan ficción como nosotros, es también una empresa quijotesca. Leer es una empresa que debemos encarar con verdadero entusiasmo. Hay que perder el miedo a los libros, al viaje a todas partes dentro de nosotros. Necesitamos leer más de lo que creemos y la traición a esta verdad es una ruleta rusa que no debemos jugar. Panamá necesita lectores, necesita buscarse en el blanco y negro de los textos.
Priscila Delgado, nos habló de qué es leer y qué leemos. Es triste, pero hay que levantarse y seguir. Tenemos que construir la necesidad de leer, porque nos están construyendo el edificio de la ignorancia y del espíritu vacío, sin criterio alguno. Tenemos que buscarnos los espacio para leer para comunicar y transmitir los libros.
Esta tarde se acaba la fiesta. Ya toca ir pensando en la del año que viene. Lo que no debemos dejar es de leer y comprar libros. La lectura es un medio. Un medio para ir hacia el criterio, un medio para viajar hacia el centro de nosotros y de los otros. Reivindico la necesidad de que el Gobierno se implique, que por lo menos inaugure ferias, esta que se acaba u otras, que los espacios para los libros y libros no se limite a unos días de agosto.
Panamá lleva años teniendo libros. Hoy, que se ha democratizado casi todo, que a casi todo tenemos acceso, no dejemos de lado los libros. No sea que la pesadilla de Bradbury se haga realidad y veamos arder libros y libros en el fuego de los perversos.