“Civilización es, antes que nada, voluntad de convivencia” Ortega y Gasset
La Organización de los Estados Americanos (O.E.A.) nos demostró hace cincuenta años que prefieren llamarse Olviden Ese Asunto. Los conocemos. Sabemos de qué pie cojean y a qué ritmo bailan. Para prueba este ziper: Hace unos días, un experto cronista boxístico y sincero analista político anunció, veinticuatro horas antes, lo que haría la OEA con la petición de Panamá de reclamar, o al menos presentar una protesta por el asalto a los derechos humanos en Venezuela. Dijo: firmarán una carta “aguada”, pudorosa, atenta y con aires de defensora de libertades nacionales, en la que casi pedirán excusas al presidente venezolano y, añado, le harán una profunda reverencia. O sea, lo que pasa en Venezuela: asesinatos por protestar, cierre de medios de comunicación, insultos a presidentes de otros países y amenazante advertencia a la misma OEA, entre otras calamidades que dejó Hugo Chávez y las nuevas que trajo en su mochila su pendenciero sucesor, no son motivo suficiente para erizar la melena de la magnífica y somnolienta OEA.
Una de las acciones favoritas de los tiranos en decadencia, cuando el asunto se les pone duro en su país, es inventar un demonio extranjero. Estremecen el árbol nacionalista para reagrupar sus perdidas fuerzas. Casi siempre sale el tiro por la culata, ya que a la larga el largo rabo del demonio se les pega y no pueden ocultar su propios cachos. Pero queda mucha gente ingenua (sin contar los que ven en peligro sus prebendas) que se deja arrastrar por esa oleada de patriotismo. Seguro no han leído la definición de Ambrose Bierce de patriotismo: “Basura combustible dispuesta a arder para iluminar el nombre de cualquier ambicioso. El patriotismo es el primero y el último recurso de un pillo. Y con ese truco, la masa irredenta y dócil, queda siendo juguete del vociferador”.
El que funge como presidente de Venezuela, mala caricatura de su antecesor, al que era imposible negarle cierto carisma, esconde, tras una lamentable fachada de camorrista de cantina una oscura intención: no pagar deudas.
Este individuo, hablo del que ocupa la presidencia de Venezuela, ha inventado su propia Carta Magna de la barbarie que, como dice Ortega y Gasset, “proclama la violencia como única razón. Es la norma que propone la anulación de toda norma”.
¡Lloro por ti, Venezuela!