Las persistentes lluvias que nuevamente caen sobre la devastada zona costera cercana a Caracas han destruido parte de las vías abiertas después de la catástrofe de diciembre, con lo que se ha agravado la situación de los damnificados que siguen allí.
Los torrentes que bajan de la Cordillera de la Costa, con alturas superiores a los 2.500 metros, se desbordaron y deshicieron numerosos trechos del camino provisional abierto por las máquinas para comunicar la franja de litoral que fue arrasada el pasado 16 de diciembre por las avalanchas de lodo y rocas.
Los meteorólogos anuncian lluvias durante otras 24 horas pero no se espera que produzcan daños mayores, salvo nuevos cortes viales y algunos derrumbes, porque "lo que la aguas tenían que llevarse, ya se lo llevaron", afirmó hoy un miembro de los equipos de rescate que trabajan en la zona.
"Las avalanchas despejaron totalmente los cauces de viviendas y otros obstáculos, por lo que las aguas pueden correr libremente y no se espera que causen otro inconveniente que el de impedir que los vehículos puedan vadearlas", indicó el socorrista.
Al estar cortado el camino provisional se han interrumpido los suministros de comida y agua para las 200.000 personas que permanecen en los poblados del estado de Vargas, lo que podría agravar aún más la escasez que ya padecen.
Las autoridades temen que estas nuevas lluvias puedan motivar el derrumbe de precarias viviendas que quedaron casi "colgando" en pendientes inestables tras el desastre de diciembre y cuyos habitantes se han negado a abandonarlas a pesar del riesgo que corren.
Igualmente no descartan que pueda registrarse alguna nueva víctima debido a esos deslizamientos, pero en ningún caso nada parecido a la catástrofe ocurrida hace un mes, que según la Cruz Roja Internacional dejó entre 20.000 y 50.000 muertos.
El Observatorio Cajigal, el principal de Venezuela, indicó que las precipitaciones de enero en Caracas y el litoral cercano pueden batir todas las marcas precedentes al situarse entre 200 y 250 mm., casi el doble del volumen habitual en este mes del año.
Ayer, lunes, un movimiento sísmico de seis grados de magnitud en la escala de Richter causó pavor en algunas regiones de Venezuela y también se sintió en zonas de Caracas, donde la población salió a la calle.
Olas de hasta tres metros golpearon la costa central venezolana y originaron inundaciones en algunas zonas situadas casi al nivel del mar.
El presidente venezolano, Hugo Chávez que hizo una bandera de la frase "si la naturaleza se opone lucharemos contra ella", el lunes cambió el sentido de su discurso y pidió a Dios que "la naturaleza tenga clemencia con nosotros".
La actitud desafiante de Chávez frente a los desastres naturales fue aprovechada en diciembre por el arzobispo de Caracas, Ignacio Velasco, para decir en una de sus homilías que la catástrofe sufrida por Venezuela fue "un castigo de Dios por la soberbia del presidente", palabras que causaron estupor y que otros prelados matizaron posteriormente.