El primer examen de corte internacional del plantel nacional menores de 23 años tuvo sus cosas buenas, malas y feas. El juego ante Colombia que terminó empatado a dos goles, mostró varias características que mencionaremos.
El equipo no se amilanó y pese a contar con un jugador menos, supo anotar el gol del empate en los minutos finales del partido, lo que confirma que el juego no se acaba hasta que el árbitro lo indique (pite). La concurrencia al estadio Rommel Fernández estuvo aceptable, esperamos que para los próximos encuentros asista más público a respaldar al seleccionado nacional.
La presencia de Marcelo Houseman, hermano de René Houseman, campeón mundial con Argentina en 1978 , quien busca firmar a jugadores panameños, muestra que el balompié panameño se está proyectando cada vez más. Que el técnico Gary Stempel realice sus diferentes variantes, para eso son los juegos amistosos, es el momento de hacer pruebas, para encontrar el plantel que se necesita.
Aunque, Stempel empezó el partido con prácticamente cinco delanteros: José Garcés, Luis Tejada, Blas Pérez, José Justavino y Temístocles Pérez, al final aceptó y comprobó que tiene que reforzar el mediocampo.
Desde hace días venimos diciendo que el "talón de Aquiles" de la Sub-23 es su mediocampo. El técnico dijo que volverá a utilizar un jugador que llene el vacío entre el mediocampo y la delantera, es decir un enganche. La pregunta: ¿quién será ?
Las múltiples tarjetas que recibió el equipo panameño, debe jugar con la "cabeza fría y pies calientes" y no dejarse llevar por la calentura de los partidos o por la fanaticada. Los muchos toques que le hizo Colombia a Panamá, con su tradicional sistema 1-4-4-2, Panamá tuvo mucho trabajo para enfrentar ese sistema de juego.
El bloque en el mediocampo desnudó al equipo panameño, inclusive hubo momentos que conté: 10, 12 y hasta 18 toques del equipo colombiano y los panameños, ni tan siquiera tocaban el balón, esto incluye el primer tiempo, antes de darse la expulsión del volante Juan Ramón Solís. Lo que indica que seguimos teniendo problemas en esta parte del equipo, perdemos el mediocampo y no tenemos quién distribuya los balones a nuestros delanteros.
El arbitraje del colegiado Carlos De León dejó mucho que decir, pese a ser un juego amistoso, le faltó personalidad y en ocasiones perdió los hilos del partido. Pareciera que De León quería ser el protagonista del encuentro, cuando esto le toca a los jugadores, paraba constantemente las acciones por la mínima cosa.
Además, los futbolistas le reclamaron durante el juego casi todas las faltas que cantaba, inclusive en ocasiones le manoteaban y hasta lo agarraban claramente de la camisa o la mano. De León debió darse a respetar como juez en el partido, poner las pautas y no esperar reclamos, para poder actuar.
Juan Ramón Solís comete una falta, De León la canta, no mostraba indicios de sacar tarjeta amarilla, posteriormente los colombianos protestan y casi un minuto después es cuando saca el cartón.
La amonestación con la tarjeta amarilla debió ser inmediata, por la doble acumulación de cartón pálido, obviamente le correspondía la tarjeta roja. A todo esto, mi pregunta es: ¿hubiese sacado la segunda tarjeta amarilla De León al jugador Solís, si los colombianos no protestan? Personalmente creo que no, porque inmediatamente cantó el final del primer tiempo de juego.
No pido que le regalen nada a Panamá, porque en las competencias verdaderas los árbitros no lo van a hacer, pero sí pienso que al árbitro De León le faltó autoridad y por momentos se le escapó el partido de sus manos, esperemos que esto cambie.