El fútbol panameño está en franco crecimiento y, al parecer, dicho crecimiento ha trascendido fronteras, no solo a nivel de selecciones sino que también a nivel de equipos de nuestra liga local.
Esto quedó demostrado con el reciente cambio de junta directiva del Sporting San Miguelito, equipo que desde su fundación estuvo a cargo de la familia Navarro quienes, contra viento y marea, fueron abriéndose paso en este difícil mundo y formaron jugadores desde las infantiles que con el paso de los años se convirtieron en seleccionados nacionales.
Ahora, el equipo de San Miguelito, aquel que nació bajo el nombre de Sporting ‘89, el mismo que tuvo sus pasos en el interior del país cuando jugó como local en Antón, provincia de Coclé, es regido por un grupo de empresarios españoles que se interesó en nuestro maltratado balompié con el interés de hacer de este club, uno de los más grandes del país.
Por regulaciones de nuestra legislación, los clubes deportivos no pueden tener en su junta directiva un presidente extranjero, situación que podría en su momento perjudicar el desarrollo de los nuestros equipos.
Es imperante la revisión de este tipo de legislaciones para permitir a los foráneos interesados en invertir en nuestro deporte y, más importante, en nuestros deportistas, y que no sea éste un motivo para que los mismos desistan en su interés.
Queda en manos de las autoridades deportivas del país el revisar este tipo de regulaciones y, esperamos, los que vivimos y trabajamos en pro del fútbol, que la solución a la que se llegue sea favorable para los intereses de quienes deben ser, al final, los verdaderos beneficiados: nuestros futbolistas.
Así como hoy es el Sporting San Miguelito, mañana podrá ser el Atlético Chiriquí, el Atlético Veragüense y, ¿por qué no? el Río Abajo, el Millennium.
Hacemos un llamado a quienes tengan que ver con este tipo de situaciones para que tomen la más sabia decisión, aquella que no espante la inversión que tanto necesita nuestro fútbol.