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Lo malo de la mola

Los libros se deben leer con la propia vida porque de esa manera se escriben. Esto pareciera decirnos la lectura de los relatos contenidos en La Mola.


Héctor Collado (Escritor) / PANAMA AMERICA

Los libros se deben leer con la propia vida porque de esa manera se escriben. Esto pareciera decirnos la lectura de los relatos contenidos en La Mola. Cada uno de sus cuadrantes nos dibuja, de manera figurativa, las abstracciones que sufre quien lo escribe.

Desnudez moral o la moral de la desnudez se expresa en algunos de sus textos. Lo impúdico mostrado en público deja correr su velo. La pasión, los celos de pareja, el engaño, seducen con un insinuado erotismo.

Estamos frente a una autora que nos obliga a mirar desde su soslayo, cuadro y escenas de juegos de adultos. Va del aprendizaje a la reflexión. Escarba en conductas cotidianas, en situaciones, a veces consabidas, que de pronto se antojan extraordinarias.

Más tarde se vuelve introspectiva, y su percepción triangula la perspectiva para exornar su visión de vida y muerte. Binomio cuadrado perfecto del amor filial, conyugal, etc. La muerte acaece sin miserias, ocurre porque debe ocurrir y sin esperanza. La duda, la certeza, la eternidad y la nada, constancias de que la resurrección será un ejercicio de lectura. Acá se expresan sus ondulaciones místicas que no religiosas desde una configuración realista, en donde hace camino el crimen, ¿un asomo de relato negro? Ya sabremos. Diálogos apropiados, personajes con apenas presencia en las descripciones, atmósferas suficientes, acción lineal, donde cada verbo es responsable de su función, nos obligan a convertirnos en cómplices del narrador de cada uno de los relatos.

La irrealidad tiene un espacio ganado, la anécdota, también el recuerdo, ese viaje al futuro que ya vivimos y que nos sigue diciendo cosas en presente atisba desde su lupa inquisidora.

Confieso que no me gustan los finales con moraleja, pero en el caso de La Mola son necesarios. Estos cuentos arriesgados y tremendistas apuestan por el humor.

La Mola es un libro personalmente doloroso, pero contado con la alegría de quien entrega una lectura jamás desinteresada… Busca para encontrar, encuentra lo que está quieto. Finalmente, quiero conjeturar que algo de autobiográfico tiene este cuentario, por lo tanto, leerlo es un poco mirar dentro de esta vida sueños y descubrimientos.

Nuestra autora trata de dibujar al carbón sus protagonistas, pero en realidad es uno, solo el personaje el que retrata. Una sola es la voz femenina la que narra, reivindicando de alguna forma la voz del género. Una sola es la historia de estas vidas.


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839594
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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