En la NFL, toda dinastía necesita de dos forzosos e irremplazables ingredientes: un genio en las bandas y un general en el campo de batalla: coach y mariscal de campo.
La élite de los mariscales de campo, conformada por los que demuestran un dominio total de la posición, sin huecos en su juego y una victoria de Super Bowl como respaldo son los más laureados,
Brady y Manning. Su rivalidad va más allá de cualquier título: se han enfrentado tres veces en Playoffs, dos de ellas en el Juego por el Campeonato de la AFC; el primer round lo ganó Brady, y hace un par de años, el triunfador fue Manning, a quien finalmente “le hizo justicia la revolución”, y dos semanas más tarde ganó su primer Super Bowl.
Brady no posee el brazo más fuerte de la NFL, pero es preciso en sus envíos y, sobre todo, muy paciente con el balón.
Manning es casi un robot. Su mecánica es perfecta; gran trabajo de pies, un poderoso brazo, preciso y, por si fuera poco, un maestro cuando se trata de leer defensivas. Es como tener un coordinador ofensivo en el campo.
También se habla aquellos mariscales sin huecos en su juego, que han demostrado la habilidad de cargar con sus equipos. Están a un anillo de campeonato de unirse a Manning y Brady entre la élite. Drew Brees de New Orleans y Philip Rivers de San Diego son los mejores ejemplos.
También están los jugadores veteranos como Brett Favre, que se posiciona un escalón por abajo, quizás no por su talento innegable, más bien por su edad, la cual le ha afectado en cuanto a rendimiento físico.
Sin olvidarnos de Ben Roethlisberger, Pittsburgh; Donovan McNabb, Philadelphia; Eli Manning, New York Giants; Kurt Warner, Arizona; Matt Hasselbeck, Seattle, quienes deben llenar pequeños huecos en su juego para producir mucho y disfrutar del éxito de juego grande... son protagonistas sobresalientes consistentes, con muy poca separación respecto de los superrestelares.
La nueva temporada de la NFL, de seguro probará el talento y capacidad de cada una de estas superrestrellas.