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Los constructores del caos


El cine adquiere en ocasiones una fuerza creativa al utilizar sus propiedades de documentación gráfica para agregarlas a un impulso de indagación y elaborar cintas que constituyen una poderosa reconstrucción de escenarios inéditos o enterrados en el olvido por algún interés.
Esta es una faceta poco estimada por las audiencias, a menos que los referentes sean actuales o despierten algún nuevo morbo en la sociedad.
Dos películas recientes han llamado la atención por poseer estas características de documentos investigativos y una estructurada historia que descansa sobre una cinematografía cuidadosamente construida, donde las imágenes son la expresión de guiones singulares que transitan por la línea divisoria entre realidad y fantasía en el contexto de la geopolítica global.
El jardinero fiel, de Fernando Meirelles, basada en la novela de John le Carré y Syriana, de Stephen Gaghan, inspirada en los relatos del ex agente de la CIA, Robert Baer, son películas que a pesar de narrar historias diferentes, tienen en común su enfoque de la corrupción y las alianzas estratégicas para la conspiración; siempre con un alto índice de daños colaterales, eufemismo del perjuicio hacia los inocentes.
Ambas cintas, una surgida de una obra de ficción y la otra, del espionaje, pese a sus diferentes enfoques narrativos, enhebran recuentos donde el poder se alía con intereses con capacidad para cambiar el destino, la vida y la noción de la realidad. En los dos casos, la actividad comercial y sus implicaciones financieras, son el detonante de los acontecimientos que arrasan cualquier forma de denuncia o esclarecimiento.
Amor y conspiración en África
El filme de Meirelles, El jardinero fiel trabaja con una estructura que se inicia con la muerte de la activista Teesa Quayle (Rachel Weisz) en algún lugar de Kenya. El esposo, Justin Quayle (Ralph Fiennes), diplomático es informado por el Alto Comisionado Británico, ente para el que trabaja, sobre el hecho que aparenta ser un problema pasional sin mayor trascendencia.
A partir de algunos datos inconexos, el funcionario inicia una investigación sobre las causas de la defunción de la esposa, quien se había agitado en ese país africano en una campaña en contra de multinacionales farmacéuticas por sus experimentos con medicamentos a prueba. En esta búsqueda, el viudo debe reconstruir mentalmente su relación precedente con la esposa.
Es la doble indagación del personaje, que Meirelles utiliza para desarrollar su relato; desde una dinámica de media res, el argumento viaja a hechos anteriores y con la misma crudeza de La ciudad de Dios, pero un mayor equilibrio en el peso de las imágenes y la construcción narrativa, brinda una historia de gran fuerza que describe los tres escenarios, la política africana, el conflicto diplomático-financiero y la redefinición de la relación sentimental.
La vida matrimonial de la pareja Quayle se basa en dos personalidades diametralmente opuestas; mientras ella representa la fogosidad, él es un diplomático que tiene como entretenimiento la jardinería casera. Ella se involucra en el activismo por su temperamento inquieto. El matrimonio es de una tranquila felicidad.
Buscar la verdad de los acontecimientos, permite al jardinero reconstruir su relación y descubrir los valores y sentimientos sobre el que se ha sostenido. Esta es la fase más sólida del argumento.
La adaptación de la novela de le Carré es un trabajo cuidadoso del guionista Jeffrey Caine, quien mantiene en la cinta, el espíritu del texto literario. Las imágenes de César Charlone y la música de Alberto Iglesias son una complementación de la dirección de Meirelles que saca la mejor partida del elenco, sobre todo de los actores secundarios Danny Huston, Pete Postlethwaite y Billy Nighy.
Una vía diferente utilizó Stephen Gaghan, quien construye su historia desde un guión semejante a un rompecabezas. La crisis del petróleo y el dominio del mercado son acá el detonante de la historias o relatos diferentes, cuyo hilo conductor es la lucha por asegurar las fuentes del combustible. Un tratamiento parecido tuvo un trabajo precedente, Traffic, cuyo guión también fue escrito por Gaghan.
La historia se sitúa en un país rico en petróleo del Golfo, cuyos pozos van a ser concesionados a una empresa china para la explotación. El principe Nasir, futuro heredero mira con una proyección modernista el futuro de su país. La enfermedad del Emir, acelera los planes para una sucesión y una eventual rivalidad con el hermano menor, príncipe Meshal.
Dos empresas petroleras se unen para asegurar parte del mercado y del petróleo de este país; sin embargo quedan puntos sueltos del convenio, que tienen implicaciones legales. Por eso, Dean Whiting (Christopher Plummer), pide al abogado Bennet Holyday (Jeffrey Wright) que investigue. Por otro lado el financista Bryan Woodman (Matt Damon) negocia desde Ginebra para convertirse en el asesor del príncipe heredero.
En otro escenario, algunas agencias piden al espía Robert Barnes (George Clooney) que desarrolle una acción para sacar al príncipe Nasir de la perspectiva política en el emporio petrolero y colateralmente dos jóvenes afganos Wasin y Faruk, que son rechazados en el trabajo en las empresas que se han unido, decepcionados deciden integrarse a un grupo extremista islámico.
Cada eslabón de esta compleja y densa red temática es desarrollado en su propia crudeza para exponer los detalles de la conspiración. Poco a poco se van uniendo los relatos y se consolida la idea básica del conflicto internacional que une a empresas y gobiernos. Al igual que en Traffic, no hay un protagonista único, sino que cada segmento avanza con sus personajes que apenas tienen relación entre sí.
La trama de ambas cintas demuestra que la ley puede ser rebasada por otros con capacidad de actuar y silenciar para que todo vuelva a una normalidad en el sistema y cuya superación, por lo general requerirá de altos niveles de sacrificio personal. Conclusiones pesimistas; pero el mérito de Meirelles y Gaghan es ahondar en los conflictos y extraer acertados argumentos, gracias a una construcción dramática ingeniosa y confirmar que los poderes en los que confiamos, pueden deteriorarse.


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224133
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América