En el fútbol no se puede parpadear ni un segundo y mucho menos regalar 45 minutos.
La falta de concentración de los jugadores panameños, denunciada incansablemente por varios estrategas nacionales, deriva a su vez en problemas con consecuencias graves a la hora de afrontar un partido, como la falta de intensidad y de actitud, entre otros.
Recordemos cómo en el Rommel Fernández, ante Cuba, Julio Dely Valdés tuvo que darle un jalón de orejas a sus hombres, que se dedicaron a jugar el primer tiempo para la tribuna. Tras el regaño, el equipo se aplicó, tiró de oficio, combinado con buen fútbol, y Panamá se llevó el triunfo. La victoria terminó por maquillar algunos errores.
Luego, ante Canadá, nos sorprenden en un tiro libre y nos marcan un gol de principiantes. El grave error también se maquilló cuatro días más tarde con un triunfo.
Ayer, ante Cuba, se volvió a regalar 45 minutos y un gol que no encaja Panamá cuando está bien aplicada. Recordemos: desde la llegada del “Panagol” se ha priorizado, por sobre todo lo demás, tener una escuadra sólida en labores defensivas. Ayer no sucedió. Sobró la confianza y relajación.
Conclusión: en la Hexagonal hay que estar concentrados 95 minutos y más, metidos en partido y no pensar que siempre habrá un después o un mañana para echarle tierra a los fallos cometidos.