El nacionalismo literario sigue acaparando el interés de los escritores hispanoamericanos. En Panamá, tras cuatro años de haber celebrado el primer centenario como república, esto no se erige como excepción. Sus escritores reescriben la historia de la nación subrayando momentos significativos que han ayudado a forjar la identidad nacional. Éste es el caso de Ramón Fonseca Mora, quien en su quinta novela entrega una interesante madeja que toca al lector seguir sus múltiples hilos para acceder a los diversos enunciados literarios que unidos constituyen la armazón del texto.
En efecto, El desenterrador, es una ambiciosa narración donde épocas dispares y situaciones ambiguas se mezclan para destronar la importancia del tiempo y ofrecer al lector distintos puntos de vista que en su momento confluirán en un espacio común. En todo instante, la nación de Panamá desempeña un papel preponderante convirtiéndose en un personaje más que reclama sus derechos. Es de notar que los sucesos del 9 de enero de 1964, donde un grupo de aguerridos estudiantes intentara izar la bandera nacional en la zona del canal, quedan reflejados desde ambos lados de la línea de fuego. Esta historia dará pie a otras que orbitarán dentro de la ficción de Fonseca Mora y donde el Canal de Panamá, una vez más, aparecerá como presa favorita de potencias extranjeras.
A pesar de ello, el autor escoge rememorar el pasaje de la reversión de las operaciones canaleras a manos panameñas, llevado a cabo el amanecer del primero de enero de 2000, como momento de regocijo para el pueblo panameño en general, pero de tristeza y nostalgia para los que fueran testigos directos de los eventos de 1964. Más allá del júbilo del momento, los fantasmas simbólicos del pasado hacen su presencia para hacer constar que entre el año mencionado y la actual celebración, el país sufrió una cruel dictadura.
Aquí se llega a la esencia de la novela ya que el protagonista intenta desenterrar la verdad, simbólica y física, al haber desparecido su amigo y compañero de los sucesos de 1964 bajo el poder del gobierno dictatorial. La necesidad de hallar los restos del desaparecido, léase la pluralidad de los que no sobrevivieron, es la denuncia fundamental que esboza Fonseca Mora puesto que el autor no quiere que pase inadvertido ese período de la historia panameña; es una forma de reivindicar a individuos que contribuyeron a lograr el Panamá contemporáneo, la misma república que recientemente cumpliera sus primeros cien años. Este subterfugio narrativo, a pesar de facilitar el tema de la historia principal, no impide que las otras historias que llegan al lector entrelazadas entre sí pierdan interés ni mucho menos importancia.
Los personajes no son todos panameños, el autor se sirve acertadamente de extranjeros para proporcionarle autenticidad a su escritura. Fonseca Mora traslada la acción a París en un intento de internacionalizar la trama, aunque hay que señalar que Panamá como nación y significado de identidad siempre ocupa el centro de la narrativa. No obstante, la sección de El desenterrador que se desarrolla en la capital francesa, a pesar de la crudeza del texto, es una de las mejores logradas de la novela. La otras historias que se intercalan así como los sueltos del diario parisino hacen que el diálogo prepare al lector para los acontecimientos que se avecinan sin aventurar detalles que pudieran comprometer el devenir de la trama. De ahí que ésta sea la entrega más elaborada de Fonseca Mora y que, al igual que las dos novelas precedentes, lleva el sello de Alfaguara.
El personaje que unifica las diversas épocas y espacios en que Fonseca Mora estructura su novela representa no tan sólo el sufrimiento, desde su madurez, de la joven república para alcanzar su contemporaneidad sino, también, las secuelas remanentes de todos los esfuerzos llevados a cabo por el individuo común. Este personaje, Urbano Calvet, desde su urbanidad propone la reconciliación nacional a la que el autor aspira una vez concluido el relato. No parece ser tarea fácil y sólo el tiempo podrá corroborar la propuesta.
El mensaje es que Panamá debe aprender de su pasado para seguir adelante enfrentando, además de las operaciones del canal por las que ha obtenido reconocimiento internacional, sus responsabilidades en el continente. La denominada nuestra América martiana necesita de la nación panameña y Fonseca Mora, metafóricamente, desentierra ante el lector la realidad de su país y apunta hacia un futuro donde todos, y en especial la república de Panamá, serán beneficiados.
(*) Humberto López Cruz es catedrático de Literatura en la Universidad Central de la Florida, promotor del Panamá Literario en otras latitudes y asesor internacional del Círculo de Lectura Guillermo Andreve. Ha publicado distintos trabajos sobre los autores panameños.
FA: Lo de fondo es que estas semillas han traído características muy beneficiosas para el agricultor y han servido para controlar plagas, malezas y desarrollar una agricultura más sustentable, ya que con la utilización de esas semillas en combinación contra prácticas agrícolas como la siembra directa permite mejorar los suelos y hacer un uso más racional de los suelos, de los agroquímicos y de los recursos hídricos y de recursos orgánicos de la tierra. Esta fue la experiencia y es bueno que sepan que en estos diez años no ha habido evidencia de un daño a la salud humana.
Semblanzas: ¿Pero hay riesgos? ¿Cómo controlarlos?
FA: Toda actividad humana tiene riesgos, toda modificación genética trae riesgos sea esta con biotecnología moderna o con la tradicional. ¿De qué manera se controla ese riesgo?, a través de un marco nacional de bioseguridad. A través de una evaluación, y estas evaluaciones duran años, llevan mucho tiempo y mucha información, y es la manera que tienen hoy los países y la ciencia para prevenir efectos adversos o no intencionados. Para mitigar esos riesgos que están intrínsecos en cualquiera actividad humana, la forma en cómo se han desarrollado los países es través de la ciencia del conocimiento y a través del desarrollo de marcos de bioseguridad, sólidos y basados en la ciencia.
JMA: Si algo no funciona en el modelo económico de este país es sencillamente porque no tenemos el modelo correcto. Tenemos un modelo capitalista y reitero, este país seguirá siendo un país de mercados capitalistas, pero el modelo capitalista venció a su enemigo histórico, el comunismo, porque tenía frenos y contrapesos. El consumidor era el rey del mundo capitalista, los oligopolios se castigaban. En Panamá, sin embargo, tenemos oligopolios evidentes y el consumidor está a merced de esos oligopolios.
Semblanzas: ¿Entonces es un problema de sistema?
JMA: Siento que hay que hacer rectificaciones pero hay que tener valentía para hacerlo.
Semblanzas: ¿En qué aspectos concretos?
JMA: Tenemos que decir abiertamente que hay sectores de la economía en los que hay manipulación, no hay competencia. Hay sectores de la economía que sencillamente priorizan un estado de resultados sobre el bienestar de la ciudadanía y yo creo que los capitalistas, los inversionistas, tienen derecho a un retorno, de hacer dinero en su inversión, pero también los ciudadanos tienen derecho a un servicio público de calidad, eficiente y competitivo.
Semblanzas: ¿Debe intervenir el estado, con qué formulas?
JMA: Un ejemplo, no puede ser que en el sector eléctrico no se compita. ¿Por qué el mercado de las telecomunicaciones ha funcionado? Porque hay competencia, porque aquí las multinacionales han entendido que la competitividad en ese sector incrementa los márgenes. Nuestro país debe hablar respetuosamente con los inversionistas, plantearles las necesidades del país para que se hagan las rectificaciones y si esas rectificaciones no se dan, entonces tocará al gobierno de turno discutir sobre la viabilidad jurídica y financiera de recomprar los sectores estratégicos que de alguna manera u otra no permiten el desarrollo del país. Y no estoy planteando un imposible, eso está recogido en la Constitución y en instrumentos internacionales: la declaración permanente de soberanía sobre los recursos naturales y económicos de los países de la ONU y los estatutos de los derechos y organizaciones de la ONU.
Semblanzas: Es ese un planteamiento para abaratar el costo de la energía.
JMA: Por supuesto, pero no solo para el público, sino para lo comercial. Cómo vamos a competir con un TLC con Estados Unidos, si la energía es prácticamente el doble de la de Estados Unidos. Yo creo que amerita un diálogo, una discusión con las empresas de distribución eléctrica corporatizadas, para tratar de buscar una solución, y no pongo como primera opción recomprar.
Semblanzas: sino como una medida final...
JMA: Sí, estoy proponiendo una conversación seria y responsable para buscar formas de que el pueblo tenga energía más barata. Si al final estamos subsidiando, entonces estamos subsidiando el bolsillo de los inversionistas privados, si vamos a seguir subsidiando eternamente mejor vamos a comprar y no subsidiamos.
Semblanzas: ¿Es usted partidario del consenso con la oposición?
JMA: En los grandes temas por supuesto. Yo te quiero decir una cosa, un gobierno o un partido al que eligen para dirigir los destinos de un país, ya sea con un discurso de derecha o un discurso de izquierda, cuando enfrenta un problema tiene que buscar la mejor solución y la mejor solución es una. Ese gobierno no tiene que temer a aplicar esa solución, ya sea que siendo de izquierda la solución sea de derecha o al revés, que siendo de derecha, la solución sea de izquierda. Yo creo que encasillar a los políticos en un pragmatismo hoy en día no aplica.
Semblanzas: ¿Existe una corriente encabezada por Javier Martínez Acha?
JMA: Una corriente a la cual pertenecen muchos compañeros y compañeras y que yo estoy tratando de promover.
Semblanzas: Aun cuando el país tiene un futuro económico promisorio, las cosas que han pasado, el Estado hoy es más fuerte, las reformas de fiscalización han hecho del Estado panameño un estado mucho más consistente, hay quienes tanto de oposición como del gobierno persisten en las viejas rencillas. El último cuarto del siglo XX panameño fue bastante dramático, y llegó a su parte mas saturada con una invasión de 1989. Frente a eso hay quienes han dicho que el país no puede seguir siendo prisionero de su pasado. ¿Usted comparte esa tesis?
JMA: Lo que ocurrió en el pasado nos debe servir para evitar los errores del futuro y en mi opinión este país por supuesto que tiene episodios en su historia en los que todavía no se dice la última palabra. Un ejemplo es el 20 de diciembre. Yo no entiendo que como país, luego de 17 anos, Panamá no tenga una posición formal sobre esa fecha. Yo siento que los políticos debemos sentarnos a reflexionar y establecer que ese día no es ni día de reflexión nacional, ni para que cada uno lo sienta como desee; ese es un día que el calendario histórico de este país debe establecer con una fecha de duelo nacional.
Los fantasmas simbólicos de Fonseca
Los personajes no son todos panameños, el autor se sirve acertadamente de extranjeros para proporcionarle autenticidad a su escritura. Fonseca Mora traslada la acción a Pars en un intento de internacionalizar la trama, aunque hay que señalar que Panam como nación y significado de identidad siempre ocupa el centro de la narrativa.