A veces, como el reloj es una brújula que pende del tiempo y de la necesidad imperiosa de tu alma, no nos percatamos de que las manecillas corren y revolotean dando paso a los años y con los años las cosas tienden a morir, principio fundamental de la vida, filosofía de un bohemio que sabe que hasta la rosa más bella tendrá que morir (menos tú, niña mía).
Pero el fútbol, ese arte incomprendido, que Mozart no conoció, pero que por suerte Pelé y Maradona sí, no deja de sorprendernos. Es tan bello, tan perfecto en su sincronía, que goles como los del Kun nos permiten hacer un alto reflexivo sobre esa necesidad imperiosa de tener un rey, tras aquel último monarca Zidane XV.
Sí, el fútbol es increíble, y hablo del fútbol, no de una liga de domingo, donde 20 patean de un lado para otro y corren tras una esfera; no, eso no es fútbol. Fútbol es lo que se juega en la Liga de Campeones, en la Libertadores, en los Mundiales.
El fútbol no es un juego, a ese hay que ponerle otro nombre, no me gusta que le digan fútbol, por ejemplo, a una liga gubernamental, empresarial, etc, etc, etc.
Es como decirle pintor al que usa crayones. Sí, sé que esto le cae pesado a muchos, pero fútbol es lo que hace Kun Agüero, Messi, Ronaldo, etc. y que lo dirige un cerebro como el de Ferguson, Scolari u Mourinho. Así es.
El fútbol es un arte, demasiado complejo, más que el ajedrez, porque en el ajedrez las piezas no tienen corazón, acá tiene corazón, cada una, pero sobre todo cerebro.
Sí, empezó la Liga de Campeones, ese hermoso espectáculo reservado para los mejores de esta lid. Aquí no hay improvisados, aquí la gloria no pasa de moda, aquí se recobran los corazones rotos y año tras año se tiran besitos los novios a las novias...
Sí, esta misma liga de prestigio, la mejor del mundo, superior al mundial de clubes, ese invento de la FIFA que no termina de gustar. Sí, es la Liga de Campeones donde salen hombres como Gerard, y te hacen recordar esos héroes de batalla, esos grandes generales inmortales, esos Napoleones, Rommels, Patons, Alejandros Magnos y demás, filósofos de su época, guerreros naturales que te hacen soñar con magia. Sí, Platón tenía razón, La República sería perfecta, pero en esa República haría falta hombres como Gerard, esos que saltan en noches de Champions.
Sí, es aquí donde se ve arte, música y más. Me decía un amigo periodista que por qué siempre la misma música, que por qué no la cambiaban (hablamos del himno de la Champions). A este amigo le digo "Perdónalo Señor, porque no sabe lo que habla"... si ese himno que te llena la epidermis de emociones, te hace llorar, de rabia o de alegría, pero te hace llorar.
Sí, ese himno tiene amor, amor al fútbol, amor a ese bello deporte que nace de la pasión del planeta.