Con esta entrega cerramos la temporada 2015 con la sensación de que, con un poco de voluntad, creatividad y liderazgo, la hípica nacional puede instalarse en una posición mucho mejor que la actual.
Los aficionados y apostadores, pese a la aparente lentitud de la economía y a la incertidumbre que hay sobre los meses por venir, respaldaron a la actividad hípica con una determinación casi heroica.
Gran mérito tienen también los dueños de caballos que continuaron inyectando la población caballar de sangre nueva y buena, lo cual ayudó mucho a que se mantuviera el entusiasmo de los hípicos, a la vez que garantizó el espectáculo para el nuevo año.
Este balance no estaría completo si no hacemos un justo reconocimiento a los criadores de caballos nacionales, quienes tampoco cejaron en la difícil y sacrificada tarea de producir purasangres y después someterlos a la consideración de los potenciales compradores.
Todo lo anterior tuvo como punto de sustento los buenos premios que se repartieron y un calendario de clásicos que, a nuestro entender, respondió perfectamente a las expectativas.
Y es sobre ese punto, el de los premios, en donde deben enfocarse los esfuerzos inmediatos de todos los sectores relacionados con el deporte hípico.
Durante gran parte de esta temporada hubo la amenaza de que los premios disminuyeran, lo cual mantuvo en zozobra a mucha gente. Ojalá que en el 2016 se logre hacer los ajustes pertinentes que permitan que se transite por los 12 meses sin que haya esa angustia de por medio.
Aquí es donde entra en juego la administración del hipódromo como fiel de balanza.
Hemos dicho y mostrado hasta la saciedad que en el plano administrativo se necesita un empujón. No se puede seguir con la inercia como conducta y con la poca o nula inversión de recursos como política administrativa.
El hipódromo necesita cariño todo el año, no solo cuando se celebren clásicos o eventos especiales.
Y ese cariño debe tocar de manera efectiva las facilidades para los apostadores dentro de las instalaciones, la difusión de las competencias de manera ininterrumpida y la garantía de que el espectáculo se realice con las mismas reglas para todos.
Después de que se sienten estas bases esenciales, hay que pensar en un programa de mercadeo con algo de publicidad que sirva para mantener al hipismo nacional en la mente de la mayor cantidad de gente posible. No pueden seguir conformándose con lo mínimo, mucho menos en las condiciones actuales que hacen presagiar que la conducta de la gente ?por lo menos en los primeros meses del año? será discreta en cuanto a sus decisiones de gasto y consumo, donde seguramente tendrán ventaja aquellos que sepan captar su atención.
Si tendríamos que calificar el 2015, diríamos que la hípica se sostuvo gracias al empeño y la actitud decisiva de los dos ejes que la sostienen: Los apostadores y los dueños de caballos.
De estos últimos es fácil predecir que estarán siempre ahí por la pasión que los mueve; mientras que a los primeros hay que cuidarlos como oro en polvo porque se pueden diluir y desaparecer, obligados por las circunstancias y empujados por la falta de atención.
Y cerramos, como siempre, deseándoles que les vaya bien en la recta final del 2015 y que tengan una buena partida en el Año Nuevo.