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‘Los malos son poquitos, pero generan mucha bulla’

La mala imagen del país no la producimos los escritores, la producen los corruptos, los narcotraficantes, los paramilitares, la guerrilla.


Egbert Lewis (egbert.lewis@epasa.com) / PANAMA AMERICA

Entretener no implica ignorar la realidad

  • Hay autores que quieren expresar paradigmas como el del patito feo, de esas novelas tradicionales, pero otros queremos mostrar otras realidades, y siempre tratamos de que estas las podamos llevar a la televisión con el fin último de esta, que es el entretenimiento.
  • Gustavo Bolívar

El inesperado éxito de ‘Sin tetas no hay paraíso’ y ‘El Capo’ han dotado al guionista Gustavo Bolívar del capital suficiente para cambiar el derrotero de su carrera, dejar a un lado las novelas a prueba de bobos e ir a la caza de un público más exiquisito.

Bolívar, quien estuvo en Panamá esta semana como jurado de la sección de teatro del Premio Ricardo Miró, reveló que después de haber escrito más de 3 mil guiones y sufrir la fatiga que ese esfuerzo implica, llegó la hora de dejar la televisión y con ello las tetas y los capos que tanto éxito y reconocimiento le han valido en la última década.

Advierte que no pretende justificar las producciones que se centran en el tema del narcotráfico y otros padecimientos de la sociedad, pero defiende que series como las que él ha escrito o la de Pablo Escobar, por ejemplo, contribuyen a documentar la historia sobre la cual, seguramente, preguntarán los jóvenes dentro de treinta o cincuenta años.

¿Concibe sus guiones a partir de un criterio comercial o no?

 

Cuando uno trabaja en televisión, tiene que entender que es una industria que genera empleo, que tiene unos gastos altísimos, que pagan una licencia muy alta a los Gobiernos y ellos quieren televisión comercial. Obviamente, que yo trato de sopesar ambas cosas en el sentido de que, a pesar de darles todos los ingredientes comerciales para que la gente la vea, también tiene que haber un mensaje social. Esos dos conceptos, en el caso mío, trato de plasmarlos. Hay autores que quieren expresar paradigmas como el del patito feo, de esas novelas tradicionales, pero hay autores que queremos mostrar otras realidades, y siempre tratamos de que estas las podamos llevar a la televisión con el fin último de la televisión y el cine que es el entretenimiento. Esa palabra es la guía para cualquier dramatizado.

Muchas de las series que han sido exitosas advierten que son de ficción, aunque quienes las ven las sienten muy reales, ¿cómo se logra que no se confunda la audiencia?

Lo que pasa es que -por lo menos en mi caso- en 'Sin tetas no hay paraíso' y 'El Capo' son netamente de ficción, inventadas por mí, obviamente sobre patrones existentes. Por ejemplo, mi capo sicológicamente encarna a todos los capos que yo investigué antes de escribir la serie y de cada uno ponía cosas. Por ejemplo, había uno que era muy elegante, hay uno que era muy serio y no necesitaba gritar para infundir miedo, fui armando un híbrido ahí, pero obviamente de ficción basado en la realidad. En la de Pablo Escobar, por ejemplo, sí es distinto porque es una obra basada en hechos distintos que la gente conoció, que la prensa documentó y que al escritor le queda muy poco que inventar porque enseguida le van a decir que eso no fue así, pues todo el mundo conoce esa historia.

En Colombia, el narcotráfico ya no es tan fuerte, ¿no contribuyen a tocar viejas cicatrices propuestas con estos contenidos?

Nosotros estamos terminando. Yo creo que estamos haciendo ya las últimas. Lo que estamos es terminando de documentar un periodo de la historia de Colombia que fue la del narcotráfico. Los grandes narcotraficantes ya se desmantelaron, esos personajes están muertos o extraditados, fuera de circulación. Quedan narcotraficantes, porque mientras haya drogadictos, mientras el negocio sea tan fabuloso y de ingresos tan altos, siempre hay quien esté dispuesto a ofrecer su vida para enriquecerse. Es eso lo que no deja que termine el negocio. Ya se probó la salida militar, la persuación y otro tipo de campañas, pero la única salida es desmontar el negocio como tal y eso significa la legalización de la droga. Como en Colombia los conocen, los persiguen, y la policía se tecnificó tanto en perseguirlos y encontrarlos, ellos se han desplazado. Ahora están en Venezuela, Brasil, Argentina, pero el negocio es lucrativo y por eso ellos siempre van a existir.

¿Está usted convencido de que estas producciones sobre capos y narcotraficantes ayudan efectivamente a documentar esa historia?

 

Sí, nosotros estamos dejando el testimonio del futuro. Detro de 30 o 50 años, los niños van a querer saber en las escuelas cómo era la Colombia, Latinoamérica o México y el resto de los países afectados a principios de siglo, y entonces ahí van a estar estas series para que las vean. Son muy ajustadas a la realidad, se exagera muy poco. De hecho, entre los narcotraficantes pasan cosas que ni siquiera un escritor tiene la mente tan sagaz para inventarlas. Pasan cosas tan estrambóticas que ningún escritor es capaz de imaginarlas siquiera, pero ellos sí las hacen. Entonces es como decía nuestro Nobel, es una realidad que supera la ficción.

¿Cree que la gente ahora es menos inocente?

Sí, claro. Precisamente, y no es que quiera justificar los programas que hacemos, pero es a raíz de esto que ya la gente sabe cómo operan, qué hacen. Por ejemplo, las niñas, a raíz de 'Sin tetas no hay paraíso', saben que si una amiga las invita a una finca es porque ellas van a hacer algo con un narcotraficante o un poderoso que las quiere pervertir. Entonces, todos estos programas han ayudado también a los papás, que antes estaban muy ciegos con el tema, pero ya saben que cuando una niña aparece con cosas de valor, cuando un muchacho aparece con cosas de valor, es porque está metido en algo raro.

Los colombianos fueron estigmatizados por lo del narcotráfico, ¿en qué estado cree que está esa percepción ahora?

La mala imagen del país, y es una discusión que tenemos allá con los críticos, no la producimos los escritores, la producen los corruptos, los narcotraficantes, los paramilitares, la guerrilla; ellos son los que hacen los sucesos que generan las noticias en EE.UU. Por ejemplo, hay países donde no pasan novelas de Colombia, pero las noticias que salen son cuando explotan un carro bomba, cuando matan a un policía o ahora con el proceso de paz que está en boca de todo el mundo y eso hace que la gente se dé cuenta de que nosotros estamos cambiando las cosas. Y cuando haya un proceso de paz, seguramente va haber una serie que lo documente a través de los dramatizados, pero nosotros no podemos contar una realidad que es mentira. No podemos decir que estamos en el país de las maravillas, pero Colombia es un país pacífico. Nosotros tenemos conflictos y lo que más hacemos es mostrar lo que se hace en Colombia, por ejemplo, cuando hice 'Sin tetas no hay paraíso', que es un tema más bien local, con Caracol sabíamos que iba hacer algo muy local, que no lo iban a ver en el mundo, que no lo iban a comprar, de repente estalla en el mundo como no lo esperábamos y aparece 'Sin tetas no hay paraíso', que es el que inaugura el género y empiezan a darse cuenta todos los canales que ahí hay una fórmula de éxito y empiezan a proliferar esos programas sobre el narcotráfico.

Colombia ha sido muy sufrida, ¿cómo han hecho para no caer en un túnel sin salida?

Este es un pueblo milagroso. Alguien va a Colombia y si no ha escuchado noticias, no se imagina que ese país ha sufrido tanto. Somos un país pujante, nunca se ha decaído, no hemos tenido crisis económicas terribles como para colapsar y porque los malos en Colombia son muy poquitos, lo que pasa es que generan mucha bulla. Los problemas del narcotráfico y la guerrilla son muy aislados, aunque suene muy localista. Por ejemplo, Bogotá estuvo toda la vida exenta del narcotráfico, allá llegaban y hacían negocio, pero la ciudad no fue centro del narcotráfico, tampoco ha sido el centro de la guerrilla, entonces se puede decir que la prensa es mucho más ruidosa de lo que realmente sucede.

¿Siente que los colombianos recuperaron el respeto?

Sí, el estigma del que usted hablaba, uno lo siente. Cuando uno llega con su pasaporte colombiano a cualquier aeropuerto, uno siente que hay más recelo, más desconfianza.

¿Pero es menos intenso que antes?

Ahora, sí. Si yo te hablo de hace 15 años, era impresionante. Eran unas requisas que le quitaban a uno todo. Ahora no, los índices de seguridad han mejorado, y eso ha repercutido en el mundo. Por ejemplo, nosotros ya no tenemos las ciudades más peligrosas de Latinoamérica; Bogotá es una de las ciudades más seguras del área, y Medellín ha disminuido sus índices de violencia, por grandes porcentajes.

¿A su entender, cuál ha sido la fórmula que dio lugar a estos cambios?

El gobierno de Uribe que a mí particularmente no me gustó por los temas de corrupción, pero el manejo de la seguridad en esos ochos años fue combatir con todas las armas del Estado la guerrilla y esto repercutió en que bajaran un poco los índices de violencia; hay que aceptar eso. El país tuvo tasas de secuestro de 3 mil por año, hoy en día si hay cien o cincuenta secuestros al año son demasiados, pero hay una disminución del 300%, lo mismo con las muertes violentas que eran de 30 mil al año y están en 14 mil, que sigue siendo alta, pero es la mitad. Así mismo ha llegado la inversión extranjera, el país ha tenido un crecimiento sostenido desde hace 10 años, esto hace que Colombia vea una luz en el camino y digamos, hay futuro.

¿Seguirá en la misma línea temática o hay otros nichos por explorar?

Mi plan es dejar la televisión y trabajar en el cine y la literatura.

¿Por qué dejar la televisión si para usted ha sido como una mina de oro?

Yo he hecho casi 3 mil guiones. Cada guion tiene 50 páginas, se maneja un estrés bastante alto. Arranca una producción y uno tiene que escribir 50 páginas al día, es más fatiga.

¿Pero es un negocio o no?

Sí, es buen negocio, pero creo que ya hice el ahorro para poder dedicarme a algo que no da plata, que es el cine y a la literatura. La literatura, así uno venda muchos libros -y yo he vendido muchos-, no da mucho dinero porque los editores cuando no son serios se quedan con la plata de uno. Me pasó en España, en Colombia; los editores no me han pagado, entonces supe que tenía que hacer un ahorro en la televisión para dedicarme a hacer mis libros, y en última instancia, hasta regalarlos.

¿Cuándo se hará efectivo ese repliegue?

Ya pronto. Estoy haciendo las dos últimas series. Una se llama 'Los tres caínes', un episodio de la historia de Colombia que no se ha contado como lo es el paramilitarismo y la otra 'Los hermanos Castaño' y acabo de terminar una novela literaria que es como volver a retomar todas esas novelas clásicas de amor del siglo pasado y la van a lanzar en enero. Tengo un nombre tentativo que es 'De amores valientes', pero es posible que lo cambiemos.

¿Por qué cambiar después de tanto éxito?

Ya le he llegado al público popular, ahora quiero conquistar a un público más cualificado cultural e intelectualmente. Y eso se hace a través de un buen cine y a través de buenos libros, es un camino largo y yo estoy consciente de que ese camino de obtener reconocimiento a través de la literatura es mucho más largo, los críticos son muy cerrados , pero yo tengo la disciplina y la paciencia para romper eso.

Panamá es una opción para vivir

Los cambios que Gustavo Bolívar tiene pensados incluyen mudarse de Colombia, y Panamá es un destino potencial.

Confesó que durante su estadía llamó a su hijo en Colombia para manifestarle que no estaría de más que viniera a Panamá “a conocer, porque es un país que me parece muy rico”.

Explicó que dentro de dos años, su hijo debe ingresar a la universidad, y su deseo es que tenga un ambiente más sano para desarrollar su vida y su carrera.

Sin embargo, Estados Unidos es la primera opción porque, a su juicio, es mucho más cercano a lo que desea hacer en materia de cine y televisión.

“Allá está la industria que compra mis obras, pero Panamá es una opción muy grande, me gusta. No iría a vivir a otro país de la región, pero a este sí”, señaló el escritor.


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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