Es indudable que Oscar McFarlane es uno de los porteros capaces de ganarle el balón en un mano a mano, al más astuto delantero. Pero tiene un defecto notorio: sale muy adelantado de su cabaña, sin combinar ??"con sus defensas-- el previo relevo.
Jugando por el Tauro FC, el año pasado en San Cristóbal, el entonces guardametas del Atlético Chiriquí, Oscar Valdés, le sorprendió en la mitad del campo, y lanzó de arco a arco , un petardo que se convirtió en el único tanto de su magnitud que se ha logrado en los veinte años de ANAPROF. El viernes, McFarlane ahora en el Sporting, se vio nuevamente con Valdés, esta vez en el San Francisco. El deseo de venganza, a casi un año de sucedido el hecho, privó sobre el sentido común. La cancha del "Candela" se presta por sus exiguas dimensiones, y McFarlane buscó con algún tiro libre, su revancha que no llegó.
Moraleja: Alberto Blanco, veterano de mil batallas, cogió como venía, a sesenta metros, el balón, y McFarlane, que estaba casi en el centro del terreno, tuvo otra vez, su aparatoso gol en contra.