Parece que cuando los españoles llegaron a Yucatán le preguntaron a un maya cómo se llamaba aquella tierra y este les contestó “yucatán”, que en su lengua significaba algo así como no te entiendo. Dicen que los ingleses del capitán Cook cuando arribaron a Australia y vieron los canguros le preguntaron a un nativo el nombre de aquel animal y el australiano dijo canguru, que en su idioma sería más o menos lo mismo que le dijo el yucateco al español.
Es común que los nombres que les dan los forasteros a las personas, animales o cosas propias de algún lugar sean distintos a los que les dan los nativos, sobre todo cuando hablan distintos idiomas.
Muchos consideran una falta de respeto no nombrar a los países y a la gente que los habita como lo hacen los indígenas y pusieron de moda unos nombres de difícil grafía y más difícil pronunciación, que nos obligan a buscar en Internet para saber lo que significan. Myanmar, Sri Lanka, Irán, Tailandia, Taiwán, Etiopía, Benin y Burkina Faso se llamaban desde hace varios siglos hasta hace pocos años Birmania, Ceilán, Persia, Siam, Formosa, Abisinia, Dahomey y Alto Volta. Igual pasa con otros topónimos.