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Los seres humanos somos unos cafres

Así mismo es, unos verdaderos cafres, zafios, rústicos y brutos. No aprendemos ni aprenderemos, y lo cierto es que esa frase que reza que la diferencia entre


Mónica Miguel Franco (Antropóloga, actriz y escritora) / Antropóloga, actriz y escritora

Así mismo es, unos verdaderos cafres, zafios, rústicos y brutos. No aprendemos ni aprenderemos, y lo cierto es que esa frase que reza que la diferencia entre genialidad y estupidez es que la última tiene límites, es una verdad como un templo. Esta semana me he ido desayunando con varias noticias que deberían de ser aldabonazos en las conciencias de todos: San Lorenzo y Portobelo han sido ya inscritos en la lista de patrimonio en peligro por la UNESCO, aunque creo que aún no estamos al nivel de Tombuctú donde los animales fanáticos acaban de destruir los mausoleos declarados patrimonio de la humanidad al grito de ‘no hay más dios que dios’.

Que las destrucciones de patrimonio no son cosa nueva ya lo sabíamos. Que el ser humano se dedica a deshacer lo que otros hacen, también. Durante la historia las guerras y las venganzas han ido haciendo desaparecer muchos testimonios del genio humano y del ansia de belleza innata a él. Y el fanatismo ha sido el causante de muchas de estas destrucciones, un buen ejemplo es el incendio de la biblioteca de Alejandría. (Sí, sí …quizás me debería de doler más el asesinato de Hipatia, pero qué quieren que les diga). Y la voladura de los budas de Bamiyan que en 2001, después de sobrevivir casi intactos durante 1.500 años, fueron destruidos a base de dinamita y disparos desde tanques.

En realidad los seres humanos nunca hemos sido los más listos, al parecer, y después de los últimos descubrimientos acerca de la inteligencia de los delfines, puede que no seamos ni siquiera los segundos más listos, pero creo que podríamos tratar de hacer un esfuerzo para disimular nuestra burredad, ¿no creen? Pues no, al parecer no, porque cuando acaban de darnos un bofetón en los morros con lo de la declaratoria de patrimonio en peligro, nosotros seguimos enzarzados en peleas de patio limoso y en si Chello será o no un buen presidente de la Asamblea (¡qué chogorrada, señores!, como diría mi querida amiga…). ¿No somos capaces de entender que la política pasa? ¿No nos damos cuenta de que no es Chello el que le va a enseñar dignidad a nuestros hijos?

Lo peor es que luego en unos cuantos meses, cuando llegue noviembre, todos los panameños se darán un baño de patriotismo, se envolverán con la sagrada bandera tricolor y llorarán de emoción cuando vean esos programas que exaltan las bondades de todo lo que está bien hecho aquí. Y todo eso está muy bien, pero yo me pregunto, ¿porqué se indignan cuando alguien se roba un par de cañones si ustedes ni siquiera tienen idea de dónde está el lugar del robo? ¿Han llevado a sus hijos a conocer San Lorenzo? ¿Saben por qué es importante? ¿Y Portobelo? Además del Cristo Negro, ¿tienen ustedes clara cual es la importancia de ese enclave?

Estoy segura de que muchos estarán asintiendo con careto de suficiencia y gesto de “¡ésta me lo va a contar a mí!”... Pues si es así señores y tanto saben, ¿por qué no he oído su clamor en los medios de comunicación? ¿Por qué no he visto manifestaciones exaltadas exigiendo acciones concretas para paliar las deficiencias en la protección de estos y otros sitios?

No hace falta que me contesten, yo sé por qué. Porque es mucho más fácil quedarse callados, pasar agachados y conformarse con su parcelita de comodidad acomodaticia y que sean otros los que griten. Total, son solo unas cuantas piedras, y algunas ni siquiera están bien puestas, mejor que se caigan y luego allí ponemos algo bien bonito… un resort, quizás…


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826658
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América