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Los Valores y la Cosa Pública

Y los principales culpables de esta percepción, sino realidad, podrían ser quienes dirigen los destinos de la cosa pública en general (…) No deseo que se me mal interprete en el sentido de que solamente en los gobiernos se practican los antivalores, ya que éstos lamentablemente, también afloran en la empresa privada… (1)


Y los principales culpables de esta percepción, sino realidad, podrían ser quienes dirigen los destinos de la cosa pública en general (…) No deseo que se me mal interprete en el sentido de que solamente en los gobiernos se practican los antivalores, ya que éstos lamentablemente, también afloran en la empresa privada… (1)
Mucho se habla en nuestro país de los valores y la necesidad de fortalecerlos, sino, de rescatarlos. Pero antes de iniciar esta cruzada, es necesario conocer a ciencia cierta, que es lo que pretendemos fortalecer o rescatar. Y si no conocemos, al menos, el significado conceptual o filosófico de un valor desde el punto de vista de la civilidad, nuestra lucha será estéril.
Debemos iniciar aclarando que el término valor al que hacemos referencia, no tiene nada que ver con la suma de dinero por la cual se posee lo material, la equivalencia monetaria entre una cosa y otra, la estimación que poseen los bienes tangibles o los títulos de participación, ni los servicios o fondos pecuniarios que sean objeto de operaciones mercantiles.
El término valor que pretendemos desarrollar, incluye otros conceptos que lo complementan, lo desarrollan y hasta lo aclaran. Conceptos como civismo, ciudadanía e integridad, están íntimamente ligados con el desarrollo conceptual del valor, tal como lo estamos buscando. En ese sentido podríamos señalar que el valor constituye la entereza de ánimo o rectitud de principios que obligan al individuo, cumplir patrones de conducta acordes con su condición de ciudadano.
¿Por qué la entereza de ánimo o rectitud de principios? Para resaltar la probidad en el actuar y la capacidad de discernir entre lo correcto y lo incorrecto, lo justo y lo injusto, lo moral y lo inmoral, en fin, discernir entre el bien y el mal.
¿Por qué el cumplimiento de patrones de conducta? Porque estos patrones, como la honestidad, la ética y la honradez, deben privar en nuestro comportamiento diario.
¿Por qué acordes a nuestra condición de ciudadano? Para practicar el celo por las instituciones e intereses de la patria, a través del respeto al orden público y el cumplimiento de las leyes, así como para ejercer el servicio social y expresar nuestra generosidad en beneficio de las demás personas, principalmente los más necesitados.
Habiendo elaborado una visión sencilla del concepto valor, surge la gran pregunta: ¿Dónde estamos y hacia dónde vamos en cuanto al ejercicio de los valores en nuestro país?
La percepción sentida por la mayoría de la población, es que la lucha por el fortalecimiento y el rescate de los valores, se está perdiendo. Y los principales culpables de esta percepción, sino realidad, podrían ser quienes dirigen los destinos de la cosa pública en general, precisamente por tratarse de figuras públicas, cuyo comportamiento está en la mira permanente de la ciudadanía. No deseo que se me mal interprete en el sentido de que solamente en los gobiernos se practican los antivalores, ya que éstos lamentablemente, también afloran en la empresa privada, en el ejercicio de cualquier profesión y hasta en la familia.
Sin embargo quienes deben poner el ejemplo en una sociedad hambrienta de valores, sencillamente deciden, por comisión u omisión, aprovecharse de las ventajas del poder y las influencias, con el objeto de beneficiar a propios, o a aquellos extraños que son tentados por el acomodo, la demagogia y el dinero.
El acomodo o la supuesta comodidad de tener un cargo público, con un sueldo seguro y muchas influencias. Aquí deseo hacer un paréntesis y referirme brevemente a la política, término mal interpretado, principalmente por la sociedad civil. Y es que la política debe ser vista como el arte de servir al país. Es sacrificar tiempo, familia, dinero y tranquilidad por el fortalecimiento integral, institucional y moral de la cosa pública. Por naturaleza, el ser humano es político desde que nace hasta que muere. El solo hecho de opinar, nos otorga el calificativo de políticos. Quien diga que es apolítico, miente. No confundamos ser apolítico, con el hecho de no participar en política partidista o no pertenecer a un partido político, ya que esto es otra cosa.
Pero tristemente la política es desvirtuada y prostituida por la ambición de llegar al poder y de servirse de la nación. Si bien es cierto que en nuestro país siempre ha existido corrupción en alguna medida, desde los inicios de la República, para nadie es un secreto que los veintiún de dictadura militar institucionalizaron este flagelo en todos los niveles, a tal punto que sus secuelas no han desaparecido luego de dieciocho años de democracia. Y lo que tanto se critica en campaña, se repite o se profundiza cuando se llega al poder.
¿Qué ejemplo para nuestra sociedad representa un Magistrado del Tribunal Electoral confeso de ejercer un excesivo nepotismo, si no hay autoridad que pueda ni siquiera llamarle la atención? ¿Qué ejemplo para nuestra juventud representa un diputado que cobra sin asistir a la Asamblea Nacional, porque dice que está ayudando a su comunidad, pero con el sueldo que nosotros le pagamos? ¿O aquellos diputados suplentes que reciben sueldo por el solo hecho de serlo, sin ejercer ninguna función o responsabilidad? Ni mencionemos los fueros y privilegios que los propios diputados se otorgan, porque sería tema de nunca acabar.
(1) Discurso pronunciado como orador de fondo en el acto de Toma de Posesión de la nueva Junta Directiva del Comité Pro Valores Cívicos y Morales de los Clubes Cívicos.


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282606
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América