En El Alto, empobrecida ciudad de 700.000 habitantes contigua a La Paz, los domingos ya no son los mismos.
Enormes filas de aficionados al rudo deporte se forman ante las boleterías del Coliseo Polifuncional para vibrar con "Los Titanes del ring", una legión de 30 luchadores, entre ellos 10 mujeres, cuatro de ellas "cholitas".
Las "cholitas" solamente jugaban fútbol y protagonizan atractivos campeonatos locales con sus largas polleras (faldas) a cuestas.
Pero arriba del ring, la cosa cambia.
"Yo vengo por las "cholitas", son las reinas del cach (del inglés "catch as can", antigua denominación de la lucha libre en América Latina)", dijo Elena Choque, "chola" de unos 50 años, vestida, como aquellas, con polleras, llamativa blusa bordada bajo un enorme chal de lana y tocada por un sombrero, lo más parecido al clásico "bombín" inglés.
"La Cholitas son las más "machas"", aseguró Luis, de 12 años, uno de decenas de humildes niños, muchos de ellos lustrabotas con pasamontañas en el rostro, formados ante las boleterías del pequeño escenario deportivo.
Para varios periodistas alteños, organizadores de un programa especial de "Los Titanes del ring" a beneficio navideño de la niñez de la ciudad más pobre de Bolivia, "las cholitas luchadoras son dignas hijas de la rebeldía de El Alto", según uno de ellos, Augusto Martínez.
En torno al cuadrilátero, unos 800 espectadores rugen en las tribunas con las "mañas" antideportivas de "Comando Zabala", el más sucio de varias y consecutivas peleas entre "técnicos" y "rudos". Así salen las "Cholitas" a enfrentar sus Hija de un antiguo luchador, del bando de los "rudos", conocido como "El Buitre", Julia salió "técnica" y es una de las "cholitas" más queridas y aplaudidas del ring.
Julia, de 29 años, casada y madre de dos hijos, de 12 y dos años, salta y lanza algunos golpes al aire.
"Quiero ser campeona", sostuvo al rememorar que fue su padre quien le inculcó una afición convertida en oficio, como contemporáneo admirador de aquellos grandes de la época de oro de la lucha libre mexicana, como "El Santo", "Huracán Ramírez" o"Blue Demond".
Dos de estas "cholitas" comparten con enormes luchadores un mínimo espacio para calentar y estirar los músculos antes subir al ring.
Con las largas polleras y una bien disimulada y larga ropa interior, al estilo europeo de la edad media, las "cholitas" ofrecieron a las tribunas una variada demostración del viril deporte de los "candados", las "tijeras", las "patadas voladoras" y "los abrazos del oso".
Bañado el rostro del "Gitano" con sangre de utilería y la aguerrida cholita "Carmen Rosa" con las largas trenzas de cabello deshechas por tantos tirones, la pareja perdedora corrió a los vestuarios bajo una lluvia de proyectiles.
Carmen Rosa de 34 años, también madre de dos hijos, tiene la ventaja de ser la esposa de alguien que no frecuenta el ring ni los gimnasios.
"La gordita", como le gritan muchos de sus detractores, también aspira a ser campeona.