Cada segundo Luis Romero es un hombre nuevo. Ya lo decía el filósofo griego, Heráclito de Efeso: “Nada es, todo cambia”, porque la vida, maestra, nos va moldeando como lo hace un escultor.
A sus 46 años, todavía mantiene viva la capacidad de sorprenderse.
“Poder asombrarte, dejar que las cosas te impresionen es de gran utilidad a la hora de contar historias”. Y lo afirma porque le consta.
Ha dedicado 15/25 a trabajar documentales. Lleva más de 40 a la fecha, sobre temas sociales, comunitarios, indígenas y antropológicos y acaba de ser seleccionado como uno de los 14 cineastas de la región que se beneficiará con fondos por un valor de $ 70,000.00 (setenta mil dólares) para realizar sendos proyectos de documental en sus países, como parte del II Programa de Fomento a la Producción y Teledifusión del Documental Iberoamericano, DOCTV IB II LATINOAMÉRICA.
Se enorgullece, pero no se jacta de sus triunfos. Tiene hambre de conocimiento.
¿Cómo te describirías?
“Aprendiz”, fue su inmediata respuesta, que complementa con otras sabias palabras: “Yo creo que tenemos que estar constantemente aprendiendo y tanto aprendiendo profesionalmente como aprendiendo de la vida, de las cosas que vamos viviendo y que de alguna forma te van haciendo diferente en cada etapa de tu crecimiento personal”.
Durante 13 años, dictó clases de producción de TV en la USMA y otras universidades.
También laboró en RCM, como presentador de la Videoteca 2000, donde mostraba algún trabajo de estos realizadores y los entrevistaba. Ahora dicta talleres independientes y trabaja como consultor para organizaciones internacionales, en comunicación y audiovisuales.
Una de sus primeras escuelas fue el Grupo Experimental de Cine Universitario, GECU, los famosos cineclubs, con Pedro Rivera.
La formación teatral también abona en su favor, pues las clases de dramaturgia (que es la base del cine), que tomó con la Tía Dora lo marcaron para siempre. Así nació el amor por estas artes hermanas.
Recuerda haber actuado en "La piedra de la felicidad", basada en "El Rey y el mendigo", con la cual se reinauguró el Teatro Nacional.
Y qué decir de sus viajes y vivencias en Brasil, Cuba y Alemania.
Valiosa herramienta social.Para hacer documentales este realizador está siempre alerta, mirando, escuchando, observando, tomando notas, cotejando, analizando...
Escuchar y observar son fundamentales. Así puede darle la sazón al guión. Así nacen las nuevas ideas. No hay que decir no a nada. Después llegará el momento de pasar por el cedazo.
Fue así como un día, hace 10 años, nació la idea.
“Cuando vino la reversión yo dije, esto hay que grabarlo, que recoger lo que vaya a pasar, porque esto es parte de la historia del país”.
Luis fue y filmó la reversión de la última base, la de Corozal, la partida de los últimos soldados estadounidenses de suelo panameño y guardó ese material, con la idea de que algún día le sería útil. Quería hacer un documental.
Ese momento llegó.
En “El último soldado”, como lo titulará, plasmará “el orgullo de haber logrado tener un país independiente”.
Le preocupa que “la gente cuando no tiene memoria como que se olvida. Una forma de fortalecer nuestra identidad es precisamente saber cómo fue nuestro proceso histórico, escudriñar la nacionalidad”, dice, y explica que eso es lo que pretende ayudar a hacer, contar la historia, “lo que significó vivir acompañados de 13 bases militares en el país”.
Trabajará hombro a hombro con un productor local, Boris Sucre, “un muchacho que maneja otro lenguaje, la publicidad y el videoclip, y creo que eso va a enriquecer el trabajo”.
Aparte de que el documental tendrá una fuerza histórica, desea que le pueda gustar al joven de hoy, que pueda verlo y se sienta cómodo, que comprenda cómo la permanencia en Panamá de bases militares de Estados Unidos incidió en la identidad y nacionalismo del panameño.
Se siente doblemente complacido: trabajará en lo que le apasiona y a la vez aportará al fortalecimiento de la identidad.
DOCTV, que nació hace dos años, le brindará esta oportunidad que agradece, y a SERTV, que fue la que gestionó la participación del grupo de cineastas panameños que compitió por este premio latino que él ganó.
Sí, pero no se equivoquen, no es tarea fácil, ni se logra de la noche a la mañana, “hay que formarse, que leer mucho, ver mundo, buen trabajo, documental, cine de otros países, cine europeo. El bagaje de haber estado en un país como Brasil, que tiene una fuerza y un movimiento audiovisual muy grande, te crea una formación. Te permite después expresar en imágenes lo que tú sientes o piensas de determinado tema. Yo, en Brasil aprendí a ver, conocer, consumir mucho buen material!
Estaba sembrando.Luis Romero hoy cosecha logros de esfuerzos acumulados, como los datos que compiló para “El último soldado”, a los cuales irá dándole forma, guiado por expertos realizadores internacionales, en Cuba, del 12 al 18 de octubre, durante un taller de dos semanas al que acudirá como parte de DOCTV IB II LATINOAMÉRICA. Allí elaborará su investigación histórica y plan de acción, determinará a quién entrevistará y qué le preguntará para dar fuerza al guión.
De gustos y pasatiempos.Sigamos hablando del galardonado, Luis Romero.
Hay otros intereses y quereres que le llenan.
Así vemos que se goza admirando la obra de Vasiliev Kandinski, un pintor ruso cuya pintura es de una fuerza impresionante.
¿Personajes? Peter Sellers, de "Being There"/ Desde el jardín. ¿Por qué? “Porque es uno de estos seres que ya no existen, seres puros”.
En la literatura, hay uno, agrega, es Hermann Hesse, especialmente por "El lobo estepario".
Sobre sus preferencias en el ámbito de las letras explica que antes leía literatura en todas sus expresiones, con cierta prevalencia de los libros técnicos del área cinematográfica. Ahora ha aprendido a leer de todo. Hasta a los libros de autoayuda que no le eran muy atractivos les ha a aprendido a sacar provecho.
En la música si tiene que elegir sólo a uno y optaría por Juan Sebastián Bach, “por la fuerza matemática de su música”.
En cuanto a género musical, el primer lugar se lo da el jazz, del cual admira a muchos de sus creadores.
“Para mí el Jazz es muy espiritual y a mí me alimenta mucho”, dice.
Tres mujeres.A su madre, la gran escritora, Mireya Hernández (q.e.p.d.), le debe mucho.
También a su abuela, Raquel de Hernández, fue clave en su formación, “porque era el contrapeso. Mi madre representa todo lo cultural y todo lo libre, lo revolucionario, el romper reglas. Mi abuela lo moral, lo ético, lo formal, los límites. Ambas merecen mi gratitud, amor y respeto, porque me ayudaron a ser quien soy hoy día como persona y como profesional. También quien fue mi compañera Lili, que como una mujer de cultura también me hizo crecer. Y yo creo que a las amistades verdaderas, las que te dicen siempre lo bueno, lo malo y lo feo, no solamente las que están allí para adularte”.
Sigue explicando. En la parte nacionalista fui muy influenciado por mi madre y su generación. Lo que ellos lograron con sus enfrentamientos, hoy se puede conseguir con negociación; para ellos era la pluma y la letra y para mí, las imágenes y lo audiovisual. Sí hay una influencia cultural. Desde luego, es un privilegio haber tenido esa madre y esa abuela.
Consejos para soñadores y novatos.A cualquiera que tenga un sueño, le dice "no desistas, puedes lograr. Yo nací en Renta 5, me crié en barrios populares, estudié en el colegio José Agustín Arango y la Escuela República de Chile y el Instituto Fermín Naudeau”.
Si quieren hacer documentales, cine, él recomienda, primero “ir acumulando experiencias y elementos que te permitan en algún momento expresarte como tú quieres. Segundo, no desistas del sueño, a veces uno se basa en determinadas fechas para alcanzarlo y no se puede, pero no hay que claudicar.
“Lo que va a llegar va a llegar en el momento en que tiene que llegar”.
Recuerda, cuando siendo un mozalbete, como parte del Convenio cultural Panamá-Brasil, viajó a estudiar a esa nación sudamericana.
“Yo me inscribí en Comunicación, que era lo más allegado a lo que yo quería. Pero, mantuve la llama viva. Iba a cursos de cine independiente”.
Luego, en 1996 se fue a Alemania con una beca a la escuela de cine.
“Y allí yo me enamoré del documental (la gente decía que el documental estaba muriendo). Yo dije, no, de esto yo quiero vivir. Esto es lo que yo quiero hacer. "Yo quiero poder contar mis historias a través de lo que se puede contar en un documental".
Sabía que tenía que invertir tiempo y esfuerzo en su formación y lo hizo.
Aprendizajes.Uno tiene que aprender e ir fluyendo con la vida. Y, al ir aprendiendo con la vida, no todo es fácil. Habrá momentos que tendrás que ir aprendiendo cosas que no te gustan o cosas que no pensabas aprender.
Nunca perder la capacidad de asombrarte de cosas que te puedan impresionar, para poder contar cosas.
Estará de moda.El contar historias cinematográficas va a ser muy común y vamos a ver mucho trabajo latinoamericano en las pantallas, pues al igual que el europeo, el documental de Latinoamérica está ganando espacio. Hay muy buenas producciones en España, Bolivia, Ecuador, Islas del Caribe...Falta el mejor mercadeo, porque, Hollywood no puede seguir por siempre con la porción grande del pastel.
¿Que hacer cine es caro?
Sí, concede. Pero, agrega que antes lo era más y que estamos viviendo la transición de lo que va a ser el cine en video lo cual unido al incremento en la producción regional y mundial tendrá que llevar a bajar costos.
Los temas también tendrán que ser más heterogéneos y con sabor a multiculturalidad.
“Cada uno tiene que trabajar desde su trinchera”, concluye y riéndose dice: ¡Bu! Hablé bastante”.