Con el eco de tamboriles aún resonando en sus cabezas, los cariocas se hundieron ayer en una profunda tristeza y las favelas regresaron a sus cerros, después de que, esta madrugada, sus "escolas do samba" bajaran el telón del último Carnaval del siglo en la "cidade maravilhosa".
El desfile que puso fin al alegre paseo de las escuelas de samba por el "Sambódromo" de Rio de Janeiro se inició la noche del lunes y culminó cerca de las siete de la mañana de ayer, tras una noche en la que la magia, la imaginación y el ritmo de las baterías se desbordaron para poner fin al trabajo de un año.
El Carnaval de Rio de Janeiro, que según los propios cariocas es la "mayor fiesta del mundo" al aire libre, hizo este año honor a su fama y fue clausurado por siete de las más tradicionales "escolas", que tiraron la fantasía por la borda en un maratoniano desfile.
La escuela de "Tradizao" abrió fuego en la última noche con un animado desfile dedicado al barrio carioca de Jacarepaguá y al son de una samba que, sin pedir permiso, puso a danzar y brincar en las tribunas a casi 60.000 personas.
Le siguió la "Grande Río", que este año invirtió un millón de dólares en su lujosa presentación y después la agrupación de "Caprichosos de Pilares", rindiendo un homenaje a la belleza y al cirujano plástico Ivo Pitanguy, que cerró el desfile en persona y en lo alto de un enorme carro alegórico.
Tras el derroche de color de la "escola" de la favela del barrio de Pilares, entraron al "Sambódromo" las 5.000 personas que desfilaron con la "Estazao Primeira de Mangueira", la más tradicional y popular de cuantas agrupaciones de samba existen.
"Mangueira", actual campeona, tuvo como combustible la emoción que despertó y llevó a tope con un sentido homenaje a las glorias vivas y muertas del samba, el ritmo nacido en Río de Janeiro hace cien años, que se esparció más tarde por Brasil y se convirtió en el estandarte musical del país ante el mundo.
La rara mezcla de sensualidad y vigor exhibida por la escuela del cerro de Mangueira fue para muchos el punto más alto de una noche en que, además de la fiesta, hubo lugar para las lágrimas emocionadas de los cariocas que recordaron a decenas de músicos ya fallecidos gracias a la evocación "mangueirense".
La quinta "escola" que irrumpió en el desfile final fue la de "Mocidade Independente do Padre Miguel", que logró mantener vivo el ambiente creado por "Mangueira" con una presentación dedicada a Héctor Villa-Lobos, uno de los compositores y guitarristas más importantes del siglo.
Con notable imaginación y audacia, la "Mocidade" fue capaz de combinar el sonido clásico de Villa-Lobos con la rabiosa batería del samba y hasta incluyó sobre uno de sus carros alegóricos una pequeña orquesta de cuerdas.
La escuela "Beija-Flor", que compartió ores con "Mangueira" en el Carnaval del año pasado, salió al "Sambódromo" a tratar de revalidar su título con mucho color y, sobre todo, con una samba más que pegadiza que cada uno de los espectadores coreó hasta la afonía, pese a que ya la madrugada había entrado profundamente.
La "Imperatriz Leopoldinense", ya casi sobre las seis de la mañana, fue la encargada de clausurar ayer el "Sambódromo" con un espectáculo que evocó con notable sutileza y una potente batería la pintura y el teatro de la región nordeste del país.
El desfile de "Imperatriz" marcó el final de la fiesta que los habitantes de las barriadas populares cariocas organizan, animan y viven cada año, tras prepararla durante meses con el sólo ánimo de lograr un título que, más allá del honor, poco ofrece.
Cerrado el desfile, resta que el jurado haga público hoy, miércoles, un fallo que revivirá a una de las catorce "escolas" que apostaron todo por el último campeonato del siglo, para luego regresar al cerro en el que, en medio de la pobreza y la violencia de las barriadas, comenzarán a preparar el próximo Carnaval.
Antes de eso, la "escola" campeona y las ganadoras de otras seis categorías regresarán al "Sambódromo" el sábado próximo para un simbólico y definitivo desfile que no despertará el mismo interés, pues ya ni el honor estará en juego.
DECENAS DE MUERTOS
Un total de 60 personas murieron en hechos de violencia ocurridos en la ciudad brasileña de Sao Paulo, la más poblada de Suramérica, durante los días de Carnaval, informaron ayer fuentes policiales.
Según un informe preliminar presentado por el Departamento de Comisarías de la policía paulista, 22 de esas personas murieron entre el pasado domingo y la madrugada del lunes, en una noche que fue considerada como la más violenta de los últimos dos años.
El comisario Joao Roque Américo indicó que la mayoría de los hechos de violencia ocurrieron en las favelas de la llamada "Grande Sao Paulo", zona metropolitana de la ciudad en la que se asientan incontables de barriadas populares.
Américo explicó que muchos de los sucesos tuvieron relación directa con asuntos de drogas, que es uno de los problemas más graves que padece Sao Paulo, una ciudad con casi 18 millones de habitantes y en la que operan decenas de organizaciones de narcotraficantes.
"La venta y consumo drogas, principalmente de crack, viene creciendo a un ritmo muy intenso y es una de las causas de que la violencia esté en aumento, pues muchas de las muertes violentas se deben a venganzas relacionadas con el narcotráfico", señaló el portavoz policial.