Vengo a nombrar la poesía como merece ser nombrada: desde la medula del verso que nos habla de salvación y nos abre los oídos para que miremos por el tacto. Poesía que lleva el signo y el sino de la trascendencia. Llego con un puñado de versos que ha desgranado para nosotros la poetisa Camargo para que germinen en el mundo, versos “hinchados de imágenes”.
Estos versos son un racimo de voces que le nace a la poesía panameña. Su fruto es un proyecto poético que se hace camino. Escritos para nombrar el asombro, para enumerarse en los abismos del espejo. Miro, mira, miramos y ahí están esos peces asfixiados, desgajándose.
Hay torrentes enumerando el caos y una necesidad de decir, de maldecir, para nombrar un paisaje custodiado por “ángeles y esfinges”.
Su casi concepción inmaculada escarba en la imagen y se rebela y es revelación que trasciende: “Fruta de sueños, corola de voces”. Según su propia confesión.
El primer poema, la primera entrega… la primera vez después de la primera vez también es la primera vez, y es así como Camargo entrega su poesía, “desnudo el hueso”.
He aquí el sueño abierto donde duelen los hijos y el amanecer se incendia en el callejón...
La poética de Magdalena nos merece... No hay resquicio ni grieta en su elaboración. No transige con lo fácil ni se acomoda en el cajón de sastre… Salta con todo el tejido y, de ser necesario, se rasga el vestido. En ella se muestra de cuerpo entero el Eterno de la poesía.
No habrá prisa en este libro. Cada poema ha madurado según su estación. Y es que poesía para Magdalena “es un destino, un retrato, un espejo”. Destino, pues se nos va la vida mientras, de manera recíproca, nos significa, nos construye; retrato, pues cada verso es un trazo del rastro de nuestro rostro; y espejo, caleidoscopio que refleja tanto al escriba como al lector.
Confrontar los Malos Hábitos es enfrentarse a artefactos para recomponer, descomponer, deconstruir un reflejo… Hay preocupaciones filosóficas, ansias eróticas y angustia social salpicadas de vivencia y sinceridad. Hay una respiración que besa, una caricia que se desvanece para volver a ser caricia del lenguaje.
Magdalena Camargo busca, se busca; brusca violentando la mirada, vaciando la cuenca para que demos una nueva mirada a la poesía. Y para ello ha dispuesto “dos piedras de futura mirada”.