Deportes

Manos de seda, ¿dónde están que no los veo?


Sin el ánimo de exagerar, nos atrevemos a señalar que estamos en presencia del grupo de jinetes de peor calidad que hemos visto en el Hipódromo Presidente Remón.

Salvo contadas excepciones -ocho o diez a lo sumo-, la mayoría de los caballeros que cabalgan sobre los pencos que compiten en nuestro medio lo hacen de manera temeraria, contribuyendo a deslucir el espectáculo y, lo peor, a poner el riesgo la vida propia y de sus colegas.

Estos “manos de sedas” no terminan de comprender que la hípica, además de espectáculo e industria, es un deporte y como tal sus actores deben manejarse con criterios de honorabilidad, respeto, lealtad y altruismo. Por lo tanto, actuar con saña e intentar perjudicar al adversario con el propósito de ganar, o hacer que pierda el contrario, choca con la sana práctica deportiva.

 

Es cierto que los accidentes son parte del juego y pueden darse por las características especiales de la hípica, pero de eso a que los jinetes actúen desordenadamente y monten sus caballos de manera maliciosa y sin control es otra cosa.

Solo basta una revisión al azar de los videos que registran el recorrido de cualquier competencia para darse cuenta de que sobre la pista del Hipódromo Presidente Remón impera la ley del revólver, del sálvese quien pueda.

Esto sucede porque los jinetes que se han graduado en las últimas tres o cuatro promociones no han mostrado la madurez suficiente para medir las consecuencias de sus actos y mucho menos el valor de la competencia, mientras que el Cuerpo de Comisarios no tiene ni el temple ni el rigor ni el valor necesarios para hacerse respetar y hacer valer los intereses de la hípica por encima de estos advenedizos que llegaron allí por accidente u obligación, mas no por vocación.

 

¿Será que esperan que haya un muerto para poner orden en la casa?


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741763
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América