El ex astro del fútbol Diego Maradona arribó ayer a Japón para presenciar el 30 de junio la final de la Copa del Mundo entre Alemania y Brasil en el estadio Yokohama, a 50 km de Tokio, pese a que la selección argentina se despidió anticipadamente del Mundial. Maradona arribó al aeropuerto de Narita desde Amsterdam, donde hizo una escala tras salir desde La Habana y permanecerá una semana en el país, según un vocero del ministerio de Relaciones Exteriores nipón.
Un centenar de personas esperaron varias horas la llegada del ídolo y la presencia de la hinchada japonesa con banderas albicelestes, logró arrancarle sonrisas al capitán de la selección campeona de México-1986, quien desembarcó vestido con sus ya habituales pantalones "pescadores" negros y una remera gris, que no disimulaban sus varios kilos de más.
"Estoy tranquilo porque no maté a nadie. Me siento bien", fueron las breves declaraciones del astro al arribar al aeropuerto de Narita, antes de trasladarse hasta el hotel Imperial de Tokio, donde quedó alojado. Aunque no se prestó a firmar autógrafos, sí dio la mano a varios de sus "fans" que pretendían saludarlo en el hall del aeropuerto, antes de ser escoltado por seis hombres hasta una limusina que lo esperaba.
El gobierno japonés, que le había negado la visa por su pasado vinculado a la drogadicción, aceptó finalmente otorgarle un permiso especial, el 7 de junio, requerido por la secretaría de Turismo y Deporte de Argentina que lo nombró su representante.