La marea negra provocada por el derrame de combustible del buque Jessica, que encalló la pasada semana en el archipiélago de Galápagos (Ecuador), está llegando a las islas de Isabela y Floreana, dos auténticos paraísos naturales donde viven multitud de especies endémicas, según han informado Científicos del Parque Nacional de las islas.
De momento la contaminación ha llegado a estas islas de forma leve y no ha afectado aún a la flora ni a la fauna. Según una fuente de la capitanía del Puerto Villamil, capital de la Isabela, el petróleo ha alcanzado la costa en forma de grumos, "pelotitas de búnker" que han sido recogidas por las decenas de científicos y voluntarios que colaboran en la emergencia.
Precisamente es en la Isabela, la mayor isla del archipiélago, donde se presentan los problemas más graves, ya que el fuerte oleaje y las condiciones atmosféricas han hecho difícil contener la mancha negra.
Los expertos han tendido redes con materiales absorbentes para frenar el paso del vertido y un ejército de voluntarios aguarda en las playas a recoger cualquier vestigio de contaminación.
Un refuerzo especial se ha extendido en la zona de manglares porque si el vertido afecta a dicha vegetación podría causar una tragedia en la cadena alimenticia de la isla, donde habitan flamencos, lobos marinos y colonias de las tortugas gigantes.
El peligro en Isabela podría concluir, si las corrientes marinas, vientos y el esfuerzo de los expertos alejan o extraen del mar la mayor cantidad del fluido.
No obstante, la amenaza de la marea negra continuará durante semanas, pues una serie de manchas contaminantes flotan a la deriva por todo el archipiélago a una velocidad de una milla por hora.