Se dice que soñar no cuesta, pero hay ocasiones en que lograr un sueño tiene un valor no cuantificado.
Ese es el esfuerzo que hacen los padres de familia para que jóvenes atletas puedan representar al país, como es el caso de los integrantes del equipo intermedio de Panamá, que regresa hoy procedente de Florida, Estados Unidos, tras ganar el Campeonato Mundial de Pequeñas Ligas.
La presente entrega busca dar una idea de lo que pasa más allá del terreno de juego, cuando algunos padres de familia de estos jugadores revelan las experiencias con los grandes esfuerzos que realizan para que sus hijos tomen parte de este deporte.
No obstante, es importante aclarar que las consultas fueron hechas al azar y los familiares de todos los peloteros, como de los técnicos y dirigentes, se merecen el respeto y la ponderación del pueblo panameño porque el sacrificio es general.
Bienvenido León, padre del lanzador del mismo nombre dijo que los esfuerzos son mayores, pero tomando las cosas del lado positivo no ven tanto los gastos, porque saben que el béisbol le sirve como un apoyo moral y espiritual.
"La meta era ganar el campeonato en Aruba y en Estados Unidos, se logró y todos los padres sabemos que esto es un estímulo para ellos por que así también pueden triunfar en la vida", dijo el entrevistado.
Agregó que esto no es nada fácil porque hay que apoyarlos económicamente, sobre todo con el transporte para que vayan a entrenar; "el taxi para ir o para regresar, su alimentación, además en ocasiones hay que ir a buscarlo. Realmente es un sacrificio de dinero y tiempo".
Por su parte, Ricardo Villaverde cuyo hijo, de igual nombre, es parte de este conjunto, sostuvo que este triunfo representa todo el largo apoyo que le han dado desde que se inició en el béisbol a los siete años de edad.
"Nunca permitimos que dejara de jugar; siempre alguien lo llevaba, si no era yo, lo hacía mi esposa o su hermana, pero siempre alguien lo llevaba", fueron las palabras emotivas del señor Villaverde.
Detalló que como todos los padres, están felices porque siempre confiaron en que iban a ganar y así lo hicieron.
Briseida de Palacios, madre del jugador Richard Palacios no se quedó atrás y explicó que en el sector donde residen hay un poco de dificultad con el servicio colectivo, y que tenían que recurrir todos los días al taxi, lo que a la larga sale muy costoso, además de los gastos de alimentación.
"Nadie sabe lo que uno vive en esto, en el provincial mi hijo se lesionó en una jugada en segunda base y tuve que correr con él para Paitilla para que lo atendieran. No tenemos grandes salarios, pero hacemos el esfuerzo para que esté bien", dijo la madre el jugador.
"Mire hasta el sol de hoy, nadie se ha interesado en apoyarme de alguna manera, aunque me dijeron que me regresarían hasta el último centavo y todavía estoy esperando.
Asimismo en un entrenamiento tuvo algunas molestias en la cadera y está en tratamiento, cosa que corre por cuenta nuestra".
Sin dudas las vivencias e inconvenientes que tiene cada familia con un pelotero son muchas, pero una de las más frecuentes son la de los estudios.
Los tres familiares consultados destacaron que el esfuerzo de sus hijos por estudiar y jugar es grande; luego de la escuela, tomar el maletín e irse al estadio, regresar a casa para comer, descansar un poco y tomar los libros hasta altas horas de la noche, para madrugar y continuar con la rutina diaria.
Las felicitaciones no sólo son para estos padres, sino para todos los demás, desde la liga más pequeña, en el corregimiento y en torneo nacional, que de una forma u otra, hacen el sacrificio para que sus hijos jueguen béisbol.
Por otro lado, algunos lectores consideran que es prudente hacerle un llamado a los organizadores de la "Marea Roja", para que formen parte del recibimiento de los jugadores hoy en horas de la noche.
La sustentación es que al final todos somos panameños, no importa que deporte guste más o menos, ya que la identificación es una sola, Panamá.