Conversaba con una amiga, Luz Marie Bonadies, y la plática tocó un tema aterrador: se está acabando el cine, la literatura,las artes…
Y no es que se estén acabando “per se”: Hollywood sigue generando cintas ,a un ritmo vertiginoso, los escritores jóvenes aún publican, y las galerías, por decir un ejemplo, todavía anuncian, periódicamente, exposiciones.
Lo que se acaba, y esto viene a colación por las muertes cercanas de Saramago y Mosivais, es la sensación de estabilidad, tanto en el cine como en la literatura y las artes. ¿No te parece?
Los grandes íconos son cada vez más asequibles, menos sagrados. O, evidentemente, mortales. ¿Habías notado que Carlos Fuentes y Gabriel García Márquez superan las ocho décadas?
Y no existe, aún, ningún monumento que se yerga en lugar de ellos. Roberto Bolaños, que era un claro aspirante a ocupar ese podio, se murió con diez lustros cumplidos.
Esto puede ser porque, las cosechas, cada vez son más rápidas: ahora la eternidad se mide en las taquillas del cine o con las ventas de los “bestsellers”. ¿Cuál fue el último clásico que produjo la meca del cine o las editoriales españolas?
Esta es una prueba de que la mercadotecnia crea empresas millonarias ,pero no obras imperecederas.