La policía cree que fue una disputa entre pandillas criminales lo que llevó a nueve pistoleros a abrir fuego en un bar atestado, causando la muerte de seis personas y heridas a otras 23, dijo ayer un oficial.
"Hasta ahora es nuestra mejor hipótesis, ya que dos de los muertos son narcotraficantes conocidos", dijo el teniente de policía Adilson Rodrígues a The Associated Press.
Pistoleros encapuchados bajaron de una camioneta blanca el viernes y dispararon sobre 100 clientes con pistolas y fusiles AK-47 y FAL. Uno de los heridos es un bebé de un año que recibió un balazo en la cabeza cuando estaba en brazos de su padre, que murió. Se informó que el niño Lucas Alves Silva se encuentra grave.
Las víctimas bebían en el Friendly Bar del suburbio Duque de Caxias, situado en una zona llamada Baixada Fluminense, donde los asesinatos son frecuentes y actúan escuadrones de la muerte contratados por comerciantes para "limpiar" las calles.
La matanza causó pánico en los residentes.
"Me voy de aquí, me mudo al campo", dijo Elcio Veira, dueño de una panadería, al diario Extra. "Tengo tanto miedo que no sé si alguna vez podré volver a dormir aquí".
La misma policía tiene miedo. La masacre se produjo a 20 metros de un puesto policial, donde dos agentes armados se arrojaron al piso cuando empezó el tiroteo.
El viernes la policía detuvo a un ex convicto, Edson de Oliveira, que según testigos estaba entre los que dispararon. Oliveira trabaja para el pandillero Paulo Cesar da Silva Santos, quien aparentemente está extendiendo sus operaciones a los suburbios, dijo el teniente Rodrígues.
El gobernador de Rio, Anthony Garotinho, ha ordenado una amplia búsqueda de los asesinos. La Asociación Contra el Crimen, una organización no gubernamental, ofreció 3.000 dólares a quienes brinden información sobre su paradero.
"Esta investigación tiene prioridad absoluta", dijo el secretario de Seguridad Pública, Josias Quintal.