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Mayweather, boxer de finos kilovatios

"No duele tanto el golpe como quien te lo da" un boxeador anónimo Casi apuesto con mi vecino a los guantes de


Ernesto Endara (Escritor) / Escritor

"No duele tanto el golpe como quien te lo da" un boxeador anónimo

Casi apuesto con mi vecino a los guantes de Canelo Alvarez contra los ágiles botines de Floyd Mayweather. Me contuve por el único principio que he mantenido durante toda mi vida: No apostarás. Más que por la seguridad de que Canelo podía ganar, lo hubiera hecho por animar oníricamente al pelirrojo, aguerrido e ingenuo peleador mexicano. Me quedé despierto hasta la alta hora de la pelea (para mí lo que pasa de las diez de la noche es alta hora). Me aburrí en cámara lenta, lo único que sacudió mi sopor un poco fue un golpe bajo que le dio Canelo a Floyd en el muslo. No big deal. Para pegarle de lleno a Floyd, no sólo hay que ser tan rápido como él sino tener suerte (como afirmaba “Marinerito” Celis de Ismael Laguna). Además de la velocidad de sus piernas y la movilidad de sus brazos, Floyd se cubre con los hombros que se convierten en muros más firmes que los de Jericó, y si, por casualidad, le rozas la cara, ésta se voltea siguiendo el curso de la pegada, disminuyendo sus efectos. Maestro de la defensa, no hay duda. Dice mi hijo que eso es boxeo. Yo no lo creo. El boxeo es el arte de la defensa propia, sí, pero en boxeo la mejor defensa es el ataque. Las peleas se deben ganar rifándosela. Para mí Sugar Ray o Ray Sugar (Robinson y Leonard) eran, lejos, boxeadores más admirables que Floyd. En sus peleas era prohibido bostezar.

Los boxeadores deben correr el riesgo de ser tocados, so pena de ganar bostezos en vez de aplausos. Aunque en Las Vegas (los de ringside) acuden más a ser vistos que a disfrutar una buena pelea.

Terminado el encuentro, Canelo y Floyd lucían frescos, apenas un ojo colombiano en el mexicano. El pavipollo de cincuenta y puf millones que se repartieron en esa cena monumental (la pechuga toda para Floyd), era capaz de aliviar cualquier dolor de un guantazo bien dado (que nunca se dio). Mi percepeción de Canelo es que se frustró muy rápido. Necesitó pasos avantes en cada uno de los escasos ataques que fraguó. Sus 23 años, en vez de ventaja, fueron una carga, una lastimosa ausencia de decisión. De todas maneras, ¡salud!, nada consuela tanto como una buena bolsa.


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900417
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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