La mejor prueba de que el jefe estaba cerca era el Ferrari 458 Spider blanco estacionado al frente, en medio de dos Rolls Royce del mismo color, con la capota abajo y reluciente bajo el sol de la tarde.
Mientras Floyd Mayweather Jr. trabajaba adentro, un hombre con una botella de spray y una tela se aseguraba que no hubiese una sola partícula de polvo en el vehículo que el boxeador manejaría de vuelta a casa.
Este era un día bastante tranquilo de trabajo para Mayweather en su gimnasio, ubicado en el falso barrio chino al oeste del famoso Strip de Las Vegas. Tranquilo es una palabra relativa, si se toma en cuenta que Mayweather pelearía cuatro asaltos de seis minutos cada uno contra un joven púgil zurdo, casi sin detenerse entre rounds para descansar.
Cinco semanas antes de su increíblemente lucrativa pelea contra Manny Pacquiao, Mayweather ya está en el peso indicado, y muy cerca de la condición física ideal. El invicto campeón provocó a Maurice Lee en los primeros compases, pidiéndole que le pegara con todo.