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¡Me basta una sola vida!

Los cuentos, a su vez, fluctúan, con un ritmo acompasado, por esa polisemia descrita, propia de la buena literatura.


Yolanda Hackshow (Escritora y docente) / Escritora y docente

¿Qué es la vida? Un frenesí, afirmaba Pedro Calderón de la Barca. Para Rodolfo de Gracia, escritor y ensayista panameño, la vida, más que frenesí, es la arrolladora presencia que solo debe vivirse una vez. El título de los cuentos que hoy comparto con ustedes es sugerente, polisémico... Al rato nos da la sensación de plenitud, de intensidad: con una sola vida puedo absorber todo el torrente de segundos que equivale vivirla; por otro lado, parece indicarnos que la experiencia de vivir es tan amarga y decepcionante que una sola vez basta, que para qué las repeticiones de este absurdo cruel. La atinada imagen que acompaña la portada de este libro es un eco, a mi modo de ver, de estas reflexiones: por un lado una silla desocupada que nos sugiere soledad, hastío; pero que a la vez es una espera paciente por ser ocupada ¿por mí?, ¿por otros? La silla frente a un mar inmenso que nos llama a pensar en esa intensidad que es el vivir.

Los cuentos, a su vez, fluctúan, con un ritmo acompasado, por esa polisemia descrita, propia de la buena literatura: ora proyectan visiones fatalistas, ora relampaguea la chispa de la alegría por medio del manejo del lenguaje, en el conocimiento de la idiosincrasia del ser panameño y la espontaneidad de las situaciones, ora sugiere las réplicas vitales: la vida del personaje, que podría ser la mía, ocupada por otra existencia hasta la infinidad.

Según Borges, “... nos vemos obligados a creer en un tiempo infinito: ya que si cada vida presupone una vida anterior, esa vida anterior presupone otra vida anterior. En la obra de De Gracia, este concepto del tiempo pareciera, contradictoriamente, afirmarse y negarse, pues las vidas que surgen en estos relatos están supeditadas a una vida anterior, incluso aquellas metaficcionales; por ejemplo, en el primer cuento, al estilo de Pirandello, los personajes reclaman un segmento de vida anterior o posterior, negado por el autor, exigen su derecho a no ser una proyección antojadiza de un creador que se goza en humillarlos dándoles a conocer a los lectores la parte más sórdida de su existencia y, lo más triste, que el autor ni siquiera es capaz de reconocer sus propias creaciones, porque el demiurgo ve la manifestación de seres que protestan y no identifica a nadie. Los personajes son solo una imagen instantánea que tan pronto pasa el momento se transforma, porque el tiempo no es inocuo y tampoco espacial, como afirmaba san Agustín.


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917777
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América