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Me sorprendo hablando de ética y moral

“Todo está como debe estar: los chicos en los juegos, los jubilados en los bancos, el prócer en la estatua”


Jorge Consiglio

E scucharme hablar de Ética y Moral en su homenaje póstumo, seguro sorprendería a Cuchungo Endara. Dice tío Jorge que filosofar debe ser como cantar en el baño, un ejercicio privado. ¡Qué diablos, cantaré en público!

La Ética y la Moral, como las concebíamos a mediados del siglo pasado, han sufrido tremendas transformaciones. La mayoría son detestables para los adultos mayores de sesenta años que solemos condenarlas sin someterlas a un breve análisis. Intenté exprimir algunas de estas transformaciones y no han confesado ni su génesis, ni los retazos de razón que podrían apuntalarlas, ni siquiera me soltaron sus nuevas definiciones. Pero lo consideré un ejercicio que me hizo sentir más cerca a la nueva humanidad que está de pie.

 

Sigo desconcertado ante la gigantesca ola de iconoclastia que se llevó en banda mis antiguos valores. Pero debo admitir que la resaca dejó una cálida arena sobre mí. Para no volverme un viejo cascarrabias que pasa añorando “los maravillosos tiempos de antaño”, me he obligado a ciertos cambios en lo que podría llamarse mi moral, esa “moral” entre comillas que nos une o separa de los demás. De ética ni hablar, porque creo que es algo totalmente personal, con un único juez y parte: la implacable conciencia.

Creo que el diablo no es más sabio por viejo, sino por diablo. Los años acumulados enseñan y afianzan nuestros principios, pero entre ellos se yergue la vida; esa diabla vida, palpitante, impositiva maestra que sacude nuestros cerebros y es capaz de cambiar anquilosadas opiniones. Señores, la vida nos cambia absorbiendo la cultura que fluye a nuestro alrededor. ¿Y cuáles son sus mayores afluentes? Iré directamente a su Amazonas y su Nilo: la televisión y el Internet. Si la imprenta de Gutemberg produjo un tsunami que abrió las puertas al Renacimiento; hoy, la TV y el Internet son el Krakatoa que expande su influencia Urbi et Orbe. La TV nos mostrará el partido por la copa del mundo entre Brasil y España (mi vaticinio), y lo verán miles de millones de terráqueos; cualquier amenaza de Bin Laden llega sin afeites al refectorio de un orfanato. Hoy, hombres y mujeres se felicitan, se abrazan y se enamoran; o se insultan, odian y se desprecian a través de Internet. La TV y el Internet son los nuevos rectores de la Ética y la Moral y lo único que puedo hacer es ponerle una piedrita puntiaguda en su camino.


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494347
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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