“Antes de que existiera la mediación, he sido una mediadora nata”, afirma de Paredes.
“Por eso he trabajado en esta línea con los facilitadores comunitarios porque me encanta preparar y capacitar a la gente con menos conocimiento” para que sean multiplicadores.
Para la magistrada, la mediación es una forma de educar en torno a los conflictos.
No entiende por qué tanto conflicto si cuando llega el momento de partir o por una enfermedad nos acordamos de pedir perdón, de sentirnos bien con la gente, cuando se puede sentir todo el tiempo.
Y esto es cuestión de educarnos y proponernos nosotros mismos, sostiene.
Explica que la intención de la mediación no es agarrar a las partes y resolver un conflicto de manera inadecuada, sino en un tiempo prolongado educar a los que tienen que ver con el proceso.
Destaca la importancia de los jueces de familia, quienes tienen la capacidad de ordenar terapias para beneficiar a las partes, a hacer un análisis personal que lo favorecerá a futuro, pues a la hora de elegir una pareja posiblemente lo hará de mejor forma.
Pero como todo lo nuevo causa temores y rechazo, al principio tanto jueces, abogados como las partes no lo veían con buenos ojos.
Los abogados malinterpretaron que disminuirían sus honorarios, advierte, pero una cantidad está consciente de que pueden venir y asesorar a sus clientes, y a la hora de mediar entrarán las partes porque los abogados no son los que conocen el problema, están solo para asesorar.