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Melissa no aguanta sus hombros

La futbolista insiste en jugar y seguir con su carrera, aunque eso implique maltratar su cuerpo.


HACE DOS años Melissa Pérez salió de Macaracas y llegó a la capital acompañada únicamente de sus maletas, las que estaban llenas de ilusión. Su único patrimonio eran 60 balboas que le servirían para pagar el primer mes de hospedaje. Además de ello, cargaba con ella una lesión que, como una bomba de tiempo, esperaba para estallar sobre su espalda.
Esta futbolista santeña, que juega como defensa con las Venus de Santa Ana de la ANAFUFE, sufre de una luxación en ambos hombros que provocan que los mismos se zafen sin control alguno. Incluso cuando se peinaba se le zafaban, lo cual la obligó a cortarse el cabello.
Melissa tiene que someterse a dos operaciones y entre operación y operación tiene que reposar cerca de tres meses y de no hacerse la cirugía podría hasta perder la facultad de escribir, según le explicó el médico que la atendió.
Hoy miércoles la jugadora tiene que buscar los resultados de las placas que le tomaron, cuando se le safó el hombro por última vez (15 de noviembre), para luego llevarlas con el doctor en el Hospital Santo Tomás, para saber cuál será el costo de la operación, lo cual seguramente se convertirá en un nuevo problema.
Melissa sufre de una luxación de los hombros, que se le presentó cuando era una niña y ayudaba a su padre, un humilde agricultor, con los deberes de la casa.
"Cuando era pequeña tenía que trabajar. Como mi papá es agricultor, yo lo ayudaba a cargar maíz, sandías y el peso que alzaba era mucho, no lo soportaba y se me salió un hombro, por lo que cambiaba el peso al otro lado y también se me salió. Yo me las arreglaba, pero no le daba reposo", recuerda.
La jugadora confiesa que en su casa nunca se dieron cuenta de lo que le pasaba, porque ella lo ocultó.


Melisa, de 20 años, explicó que cuando el hueso se salía de posición ella misma se lo acomodaba, hasta que hace unos días, haciendo un ejercicio en la universidad, se le volvió a salir el hueso, y en esa oportunidad el dolor fue más fuerte y tuvo que ser llevada de urgencia al médico donde se le explicó que la única solución para su problema es una operación, la cual se resiste a realizar porque ello significa dejar el deporte y la profesión que ama.
"La solución es operación, pero me desilusiona no poder jugar ni seguir en la educación física, es por eso que yo no me quiero operar", dijo tratando de ocultar las lágrimas.
El problema que tiene Melissa es que las cápsulas de los hombros deben estar cerradas para cubrir el hueso y permitir el movimiento, pero las de ella están expandidas. El húmero está en su posición, pero si le pone presión, se sale.
El motivo por el cual Melissa no se quiere operar es que tiene que dejar el deporte y la profesión que ama, y por la que emprendió ese largo viaje que la separó de su familia, de su pueblo y de los suyos.
"Si me opero tengo que dejar todo. No tiene gracia dejar el fútbol y educación física, que fue la carrera que yo escogí, porque mi sueño es ser la mejor futbolista de Panamá. Sé que va a ser difícil superar a Amarelis De Mera y todas las demás, pero ai dejo de jugar me sientiría triste. Para qué vivir si los sueños y anhelos, que es lo que te hacen seguir adelante, los tienes que dejar. Cuál es la gracia", reflexionó.
Melissa insiste en jugar y en seguir con su carrera y si para eso tiene que seguir maltratando su cuerpo, lo va a hacer mientras tenga fuerzas.


Melissa se levanta a las 3:00 de la mañana, empieza con sus labores diarias, que incluye el quehacer de la casa, para luego ir a la universidad.
Durante las primeras horas del día se dedica a correr y hacer natación en la universidad, mientras que a media mañana recibe clases. Cuando termina el horario universitario vuelve al gimnasio a seguir con sus entrenamientos, ya sea natación, gimnasia o fútbol para posteriormente ir a la biblioteca para dedicarse a estudiar.
La jugadora ha llevado su currículum a varias empresas, pues busca un mejor trabajo.
"Si tuviera alguien que pudiera ayudarme, le pediría un trabajo de medio tiempo que me permita asistir a la universidad y trabajar, porque la verdad a mi no me molesta hacer trabajo de limpieza", indicó.
Cuando Melissa decidió venir a Panamá, procedente de Macaracas, no conocía a nadie. Sólo Elizabeth Rodríguez le dijo que la podía ayudar con hospedaje en casa de una amiga y en efecto así lo hizo.
En la primera casa no la pasó muy bien, pues no tenía dinero para cubrir sus necesidades de pasaje para ir a la universidad y alimentarse.
A pesar de ello, está agradecida de toda la ayuda que recibió de la primera familia que le dio la mano, de Elizabeth Rodríguez y a la familia con la que vive actualmente.
Ayudada otra vez por Elizabeth, Melissa cambió de vivienda. Ahora vive en San Antonio y su labor es hacer los deberes de la casa como pago por el hospedaje.
La santeña afirma que ella realiza cualquier trabajo, después que sea honrado y no importa si es una labor de limpiar o de planchar.
"En la casa que estoy, los dueños me tratan bien. Yo hago los deberes y eso no me molesta", dijo.
"Los fines de semana los tengo que repartir. A veces consigo una casa en la que puedo ganar un dinero limpiándola e ir a jugar fútbol", mencionó.

 

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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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