El presidente argentino, Carlos Menem, lanzó virtualmente el martes la campaña para intentar su tercera presidencia consecutiva a pesar de que la Constitución le prohibe optar por la reelección y de que los adversarios en el oficialismo y la oposición se han unido en contra de su proyecto.
Acaso en la más audaz jugada de su carrera política, Menem se mostró decidido a sacar provecho de una iniciativa con la que la oposición pretendió "liquidar" su sueño reeleccionista y aceptó un desafío para medir las intenciones del electorado en una consulta popular.
Una cláusula transitoria incorporada en la Carta Magna con la reforma de 1994 establece claramente que ningún presidente de este país puede permanecer en el cargo durante más de dos períodos consecutivos.
Pero prácticamente desde el inicio del segundo mandato, en 1995, el menemismo puso en marcha en los terrenos políticos y judiciales una estrategia para cambiar las reglas del juego y forzar una segunda reforma constitucional.
Hace dos semanas los seguidores de Menem lucían sin reacción.
La Alianza de los principales partidos políticos de la oposición se unieron a Eduardo Duhalde, el mayor adversario del presidente en el gobernante Partido Justicialista, para emitir en el Parlamento una declaración "antireeleccionista" que contó con el apoyo de casi los dos tercios de los diputados.
Tampoco hubo en la Justicia señales claras que hicieran pensar a Menem que la "ayuda" llegaría desde los tribunales, mientras las encuestas marcan que al menos el 60 por ciento de la población no quiere otra reforma constitucional para dar al jefe del Estado la posibilidad de optar por la reelección.
En ese panorama la Alianza formada por la Unión Cívica Radical (UCR) y el Frente País Solidario (FREPASO) propuso el sábado último consultas populares en la creencia de que un rechazo masivo pondría fin a la embestida del menemismo, idea a la que se adhirió Duhalde.
Un Menem que parecía cercado por todos los costados salió entonces a redoblar la apuesta, aceptó el desafío y exigió que la consulta popular sea "vinculante", es decir, que obligue a la dirigencia política a aceptar la voluntad popular.
En dos actos políticos con todo el color del folclore peronista, Menem emitió mensajes de tono triunfalista, atacó con extrema dureza a sus adversarios y se mostró cómodo ante la oportunidad de medir fuerzas.
"Quiero dar las gracias a la oposición por esta propuesta de la consulta popular. Vamos a ir a la consulta, vamos a ir y tengo la seguridad de que triunfaremos rotundamente a lo largo y a lo ancho del país", dijo el presidente en un discurso de neto corte de campaña.
"La consulta tiene que ser vinculante siguió y si es vinculante y ganamos tendré que ser candidato del Justicialismo y los independientes" en las generale del 24 de octubre próximo.
El candidato a presidente por la Alianza opositora, Fernando de la Rua, anunció de inmediato su voluntad de hacer la consulta en la ciudad de Buenos Aires, donde gobierna, el próximo 28 de marzo, aunque señaló que de ninguna manera el plebiscito será vinculante.
Duhalde, quien gobierna en la provincia de Buenos Aires, la más poblada del país, también se mostró seguro, ratificó la consulta popular en su distrito y hasta prometió que si el proyecto de reelección de Menem triunfa aceptará el fracaso y retirará su propia postulación a la presidencia.
Los analistas señalaron que Menem está dispuesto a jugar por "todo o nada" con esta estrategia mientras sus adversarios confían en que la tendencia que hasta el momento marcan las encuestas sepultar los sueños del presidente.
Esa confianza es en la que se escudan los opositores para no responder a la pregunta que los seguidores de Menem han hecho mil veces en un día: "Qué pasará si el presidente gana la consulta y la gente dice sí a la reelecci¢n?"