Washington-. La disposición del gobierno argentino a "asociarse" a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) no fue ideada como una innovación repentina vertida por el presidente Carlos Saúl Menem sobre la comunidad hemisférica.
Según el presidente Carlos Saúl Menem es un segundo y lógico paso después de que Estados Unidos le concedió el título de "aliado estratégico extra-OTAN" en octubre de 1997.
Sin embargo, la nueva iniciativa del mandatario argentino solicitando que el presidente Bill Clinton apoye la solicitud de su país de asociarse con la OTAN "en calidad de miembro asociado o una categoría similar a establecerse " a sido recibido por la Casa Blanca con una soberana indiferencia.
"Esta iniciativa simplemente no irá a ningún lado," afirmó un alto funcionario del gobierno de Clinton a este corresponsal.
La condición de "aliado estratégico" que Argentina comparte con Israel, Egipto, Japón, Corea del Sur y Jordania, fue otorgada a Menem durante la visita del presidente Clinton a Buenos Aires en octubre de 1997 en reconocimiento del alineamiento de la política exterior argentina con la de
Washington. Asimismo, el calificativo, que responde a una ley del Congreso que permite a los "aliados estratégicos extra-OTAN" adquirir en Estados Unidos material bélico usado a menor costo.
Menem presentó la nueva solicitud de asociarse ya directamente con la alianza militar europea en sendas cartas a Clinton y a los otros socios de la OTAN con el deseo de participar "más eficazmente en esta etapa de redefinición del sistema de seguridad internacional" en una OTAN convertida, como lo manifestó en el caso de Kosovo, en protectora de los derechos humanos.
La iniciativa tomo de sorpresa no solo al gobierno de Estados Unidos, sino aparentemente también a la cancillería argentina. Según fuentes diplomáticas, "fue un arrebato" del un asesor de política exterior de la Casa Rosada, Jorge Castro.
El gobierno de Brasil fue el primero en reaccionar, al anunciar el pasado sábado que de concretarse el pedido de Menem "puede afectar la seguridad" de America del Sur.
Este corresponsal recuerda como una idea de "asociar" a la Organizacion de los Estados Americanos (OEA) a la OTAN en 1957, inspirada por el Secretario de Estado John Foster Dulles y presentada por el entonces presidente del Perú, Manuel Prado, fracaso rotundamente gracias a la férrea oposición por parte de los gobiernos de Brasil, Chile y México.
En los círculos diplomáticos latinoamericanos las reacciones a la iniciativa de Menem fueron igualmente contundentes, especialmente entre representantes de los países del Mercosur con algunos de los cuales Argentina tiene acuerdos de defensa común.
"Es una total improvisación confeccionada para consumo interno", declaró un embajador que habló a condición de no ser identificado por su nombre.
A su vez, varios diplomáticos calificaron de "irresponsable" la gestión que el ministro argentino de Defensa, Jorge Domínguez, llevara al consejo de la OTAN en Bruselas este lunes.
La iniciativa también provocó inquietud entre algunos embajadores ante la Organización de los Estados Americanos (OEA) que ven con escepticismo la relación de un país miembro con una alianza militar extracontinental, similar al planteamiento que rechazó la idea de Prado en 1957.
Específicamente, el mandatario peruano propuso crear un "enlace" entre la OTAN y la OEA en un lenguaje igualmente ambiguo como el proyecto anunciado por Menem.
No obstante, la tradición de mantener a América alejada de ataduras extracontinentales que prevaleció en 1957 casi con certeza volverá a asentarse en caso de que Argentina insista con su proyecto.
En ese año, fue el veterano embajador de México ante la OEA, Luis Quintanilla, que encabezó la oposición al proyecto peruano-estadunidense y en menos de 48 horas logró aniquilarlo.
Ni bien se enteró que Costa Rica se aprestaba a presentar la iniciativa al Consejo Permanente de la OEA, Quintanilla cito a todos los embajadores latinoamericanos a su residencia.
Allí logró un pleno consenso de rechazo al proyecto, haciendo resaltar que la OTAN es una alianza militar
creada para oponerse a la Unión Soviética, mientras que la OEA es esencialmente un organismo de cooperación política y económica, aunque tiene una provisión de "seguridad colectiva" en el Tratado de Río de 1947.
"Por tanto", sentenció Quintanilla, que fue embajador de México en Moscú durante la Segunda Guerra Mundial, "coincidimos de que una relación institucional entre los dos organismos es incompatible".
Uno de los pocos diplomáticos que apoyo la propuesta de Prado fue el entonces embajador de Costa Rica en Washington, Gonzalo "Chalo" Facio, quien en ese momento sostuvo que el enlace entre la OTAN y la OEA "robustecerán considerablemente la unidad de quienes se oponen al despotismo".
Pero a su vez Facio, que actualmente ocupa el cargo de embajador de su país en México, recomendó que las naciones de Europa Occidental amplíen primero su alianza militar a los campos político y económico..
"No fue mala idea, aunque quizás algo prematuro," sonrió el veterano embajador cuando tocamos el tema hace pocos días durante una entrevista en su despacho en la Ciudad de México.