Washington.- Anticipando el inminente rechazo de su solicitud para ingresar en la OTAN, el presidente Carlos Saúl Menem ha desatado una verdadera borrasca de infundios sobre un supuesto plan de Estados Unidos para intervenir en Colombia, en caso de que lo requiera la estabilidad institucional de la República andina.
"Es un caso clásico de desinformación", es como un alto funcionario del gobierno del presidente Bill Clinton caracterizó la avalancha de noticias que la prensa argentina viene destacando la crisis colombiana, obscureciendo así el bochornoso desenlace del pedido de asumir el papel de "miembro asociado" de la alianza militar entre Estados Unidos, Canadá y 17 países europeos.
Lo curioso es que la noticia que originó el revuelo sobre "intervencionismo" publicada el 22 de julio bajo la firma de Joaquín Morales Sola, un destacado columnista de La Nación de Buenos Aires habla sólo de "gestiones oficiosas y no oficiales" o sea, sondeos, para involucrar a Argentina en "una iniciativa de países latinoamericanos para enfrentar la crisis en Colombia".
Aunque se entiende de que Morales Sola, goza de excelentes contactos con funcionarios estadounidenses, portavoces de la Casa Blanca y del departamento de Estado negaron rotundamente la existencia de tal "iniciativa".
No obstante, la prensa argentina continuó alimentado el infundio, que rápidamente se propagó por los medios informativos de todo Latinoamérica y España, aunque hasta el momento no ha sido recogida por la prensa de Estados Unidos que informa ampliamente sobre las advertencias del general en retiro Barry McCaffrey, el zar antidrogas, de que Colombia necesita asistencia logística con el fin de capacitar más batallones como el que está siendo entrenado actualmente por unos 120 militares estadounidenses para la lucha contra el narcotráfico.
"No nos sorprende que estén levantando esta polvareda," confió el funcionario a este corresponsal. "Argentina está en vísperas de una dura contienda electoral y Menem hará lo posible por distraer la opinión pública para no permitir que los logros de su política internacional queden empañados con la torpeza con que manejó el asunto de la OTAN".
El mero hecho de que Menem hace dos semanas cursara la solicitud de asociarse con la OTAN, en una carta a los jefes de Estado de sus 19 miembros, demuestra que el gobierno de Estados Unidos no logró convencer al argentino de que no dispone del margen de maniobra para influir en el procedimiento de la OTAN cuando sus socios europeos no están de acuerdo.
De igual manera la vocación del mandatario argentino de sincronizar su política exterior con la de Washington se enfrenta a la cruda realidad que impone la realización que Estados Unidos continúa anteponiendo sus intereses en Europa a su política hemisférica.
Altos funcionarios del gobierno del presidente Bill Clinton revelaron a este corresponsal que Menem fue informado de la decisión colectiva de los 15 países de la OTAN declinando la petición, a través de una carta oficial cursada por el secretario general del organismo, Javier Solana.
Esto no es como se lo imaginó el mandatario argentino cuando logró a través de su canciller, Guido Di Tella, de que Clinton nombrara a la Argentina "aliado estratégico extra-OTAN", una categoría de la que sólo gozan Israel, Egipto, Jordania e Indonesia, y que le permite adquirir armamentos a precios similares a las ventas a la OTAN.
Un alto funcionario confió que había hablado por teléfono con Di Tella y que éste indicó que no había sido consultado referente a la solicitud de incorporar a Argentina como miembro asociado de la OTAN.
"El canciller se mostró completamente opuesto a la idea", añadió el funcionario. Por otro lado, en los círculos oficiales en Washington sospechan que el alud de noticias emanadas de Buenos Aires con referencia a una "inminente intervención" en Colombia promovida por Estados Unidos fue deliberadamente provocado por las autoridades argentinas como parte de una "cortina de humo" para opacar la reacción negativa de la OTAN, efectivamente, desde que la semana pasada Menem expresó que acompañaría al gobierno de Clinton si éste consideraba necesario intervenir en Colombia.
Pero ya al día siguiente cambió de posición diciendo que coordinaría su política con la de Brasil. Un tercer día enfatizó que no haría nada sin el consentimiento del presidente colombiano, Andrés Pastrana, que se ha cansado de afirmar que no permitiría ninguna intervención extranjera, muchas gracias.
En todo esto los titulares de la prensa argentina continúan especulando sobre un "plan secreto" para intervenir en la crisis colombiana, no obstante los categóricos desmentidos de la Casa Blanca y el departamento de Estado.