El futuro del Mercosur centrará la reunión y el almuerzo que el presidente electo argentino, Fernando de la Rúa, celebrada ayer miércoles con su homólogo Fernando Henrique Cardoso en su residencia del Palacio de Alvorada, en la capital brasileña.
Como ya había anunciado de la Rúa durante la campaña electoral, Brasil será la prioridad de la política exterior del nuevo equipo gobernante argentino, por lo que el nuevo mandatario, elegido el pasado 24 de octubre, ha querido demostrarlo eligiendo Brasilia como destino de su primer viaje al extranjero, aunque asumirá oficialmente en diciembre.
Pero más allá del gesto para con su homólogo brasileño, con el que comparte pasado como profesor universitario y senador antes de llegar a la presidencia, de la Rúa viene dispuesto a dar un impulso al Mercosur, que en los últimos meses ha vivido sus peores momentos a raíz de la devaluación del real a principios de año, detonante de una guerra comercial que todavía está lejos de ser superada.
"Ese es el sentido del gesto político que hace al visitar Brasilia en primer lugar", dando una dimensión más amplia de lo que han sido las relaciones entre ambos países hasta ahora, movidas por el motor comercial, reconoce un diplomático argentino.
Las nuevas trabas impuestas por Argentina para dificultar la entrada de productos brasileños, en particular, el calzado, a punto estuvo, la semana pasada, de dar al traste con el viaje del ministro de Desarrollo brasileño, Alcides Tapias, a Buenos Aires a pesar del acuerdo alcanzado a finales de septiembre entre las industrias del sector de ambos países. Asimismo, un acuerdo en el sector automovilístico y piezas de recambio, que pondría fin a 18 meses de negociaciones, podría allanar considerablemente el camino hacia una mayor integración aunque todavía son previsibles problemas a la hora de negociar mecanismos nuevos de compensación arancelaria.
Pero más allá de las dificultades, que en Brasilia se califican de "inherentes a todo proceso de integración", desde el momento en que se conoció el nombre del sucesor de Carlos Menem, las autoridades brasileñas ya hicieron saber que quieren un mercado que vaya más allá de la simple unión aduanera en el Mercosur (Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay y Bolivia y Chile como países asociados).
El encuentro de mañana puede suponer la definición de la agenda de las negociaciones destinadas a implantar una política macroeconómica común que lleve a la creación de una moneda única. Aunque, a la imagen del euro en la Unión Europea, puede tardar décadas en materializarse.
"Pienso que el presidente Fernando Henrique está reflexionando sobre los pasos a dar y así se lo dirá a su colega argentino. Ya se ha aceptado la idea de una moneda única como objetivo y las declaraciones recientes (del presidente brasileño) tienen como objetivo avanzar (en este sentido)", reconoció el embajador argentino en Brasil, Jorge Hugo Herrera Vegas. El gran prestigio de que goza el futuro inquilino de la Casa Rosada en el entorno político brasileño puede suponer el final de la rivalidad que ha marcado las relaciones de los principales socios del Mercosur y el inicio de una verdadera cooperación entre los mayores países del Cono sur, vaticinan los analistas políticos brasileños.
Y es que tanto diplomáticos argentinos como brasileños encuentran más afinidades entre el presidente brasileño y el futuro presidente que con su predecesor a pesar de la amistad personal que siempre reivindicaron.