La prensa española consuela a Messi, lo trata como un niño mimado. Lo ven como hijo adoptado bien portado. Es el jugador que todos quisieran tener. Se debaten los diarios entre si vale más que Cristiano Ronaldo, que si es tan santo como Kaká, que no se embriaga como Ronaldinho, que no se gana tarjetas como Guti, en fin, es el mejor de su clase, primer puesto de honor.
Es más, acá, dan por hecho que la razón es que en Argentina no está ni Xavi, ni Iniesta, las perlas de la selección española. Es cierto que no están, pero también es cierto que si se compara los tiros a puerta, las jugadas personales y los movimientos de Messi vestido de catalán con el uniforme albiceleste, será tanta la diferencia que nadie pensaría que es el mismo jugador, es oro por espejo.
Las imágenes en la televisión española es clara, los medios en el aeropuerto a su llegada fueron a consolarle, a decir que es el futuro Balón de Oro, que no se preocupe, que no ha pasado nada. Pero las fotos de Messi sin celebrar ante la clasificación te dicen: Maradona, ponlo en la banca.
En España nadie cree que sea culpa de Messi, realidad totalmente contraria a lo que se dice en Argentina. No se trata de comparar a Guardiola con Maradona, ni como técnicos, ni mucho menos como jugadores. Se trata de que Leo no la coloca, no la mete, no la hace.
¿Dónde radica el problema? Una cosa es vivir el ambiente europeo, donde a Lionel lo tratan como a una Maradona, todos mueren por entrevistarle. Acá verlo de bufandas y Versacci es de costumbre, y otra muy distinta verlo metido en La Paz, en Montevideo, donde le dan patadas como saludos y codazos como besos.
Además, una cosa es jugar el mundial y otra la eliminatoria. Viajar de Europa a América y regresar como si nada. Claro, que en Argentina hoy día quieren más a Palermo que a Messi. Porque Palermo, así como Tevez, entre otros, son el ejemplo de la escuela de bases, del fútbol del barrio. Messi es el hombre de la ciudad Condal, hecho al estilo catalán, con toques europeos y abrigos de piel fina.
Ahora, en el mundial debe ser otra cosa, porque allí todo es diferente. Ya estarán los equipos élites, ya no estarán las alturas bolivianas, ni los pastos uruguayos, pero, si Messi no despierta podría ser el fracaso más grande que ha dado la selección argentina. Las expectativas que hay sobre él son muchas.
No existe un medio, un fanático o un contrario que no respete las piernas de Messi en España. Lo quieren, lo adoran y no entienden porque no funciona.