Deportes

Messi y Maradona, entre el cielo y el infierno

¿Conseguirá Argentina superar su crisis de identidad?


El Mundial de Sudáfrica tiene un atractivo único e irrepetible para los argentinos. Difícilmente haya otra Copa del Mundo, en la que los dos futbolistas más grandes de la historia del fútbol gaucho vuelvan a estar juntos en un mismo equipo defendiendo los colores celeste y blanco.

Dos personas completamente distintas, agua y aceite, que buscan encontrar un punto de equilibrio para devolverle a su país parte de la gloria perdida. Ambos tienen mucho en juego en este Mundial: uno busca demostrar que su magia sigue viva, que más allá de las escenas grotescas y vergonzantes que lo mantienen en el centro de la polémica, sigue siendo capaz de grandes hazañas. El otro, casi un niño, tímido e inofensivo, maravilla al mundo por su increíble destreza y técnica con el balón, pero lucha con el alma por ganarse el cariño y la admiración del único público que todavía se resiste a idolatrarlo: el de su propio país.

Ambos se necesitan para conseguir su sueño y hacen hasta lo imposible por mostrarse felices, aunque en el fondo de su alma, no tengan casi nada en común. Como ángeles y demonios luchando por entenderse, cada cual con su instinto, Messi y Maradona, Maradona y Messi, representan lo mejor y lo peor de un país futbolero que se divide entre el cariño o el desprecio a dos de sus más grandes glorias futbolísticas.

 

Las ilusiones argentinas en este Mundial dependen en gran medida de esa extraña paradoja. Más allá de las técnicas y las estrategias del fútbol, los “albicelestes” sueñan con que esta sociedad por conveniencia entre el cielo y el infierno funcione. Maradona conoce los dos terrenos, estuvo en las nubes en el 86, cuando llevó de la mano a los argentinos hasta la cima del mundo, y cayó estrepitosamente en las tinieblas después de su “doping” positivo en el 94 en Estados Unidos. Desde entonces, su destino ha estado marcado por el escándalo y su interminable lucha por sobrevivir.

Messi, a su lado, es un bebé de pecho. Nacido y criado en un barrio de clase media de Rosario, provincia de Santa Fe, poco y nada conoce de las malas artes de la villa porteña que forjó la siempre polémica personalidad de su técnico. A sus casi 23 años, vive rodeado del amor de sus padres y sin sentirse el dueño del mundo, aunque le sobren razones para creerse un rey.

Son dos caras de una moneda, agua y fuego, luz y sombra. Sólo la magia y la fantasía que esconde el más bello deporte del mundo es capaz de juntarlos bajo un mismo sueño. ¿Podrán juntos forjar el espíritu y el temple de un equipo ganador? Parece imposible, pero tratándose de ellos ¿quién no cree en los milagros?

 

fecha edicion
old id
568403
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América