A Ingrid Betancourt sus captores le robaron seis años de su vida, lo que le hizo pensar en la posibilidad de no salir respirando de la selva y, a pesar de que el trato que recibió "no era para un ser humano ni para un animal", más allá de las palabras, las escenas de su reaparición evidencian que sigue siendo la madre amorosa, la mujer sensible y la política audaz de temple de acero, y quien fue escamoteada el 22 de febrero del 2002.
Desde el momento que descendió del avión, tras la operación Jaque Mate, que la extrajo de las garras de las FARC junto a otros 15 cautivos, Ingrid ha hecho manifestaciones verbales interesantes, aunque hay quienes observaron que sus gestos también dijeron mucho.
La última imagen que se tenía de Ingrid Betancourt Pulecio, la mostraba sentada sobre una silla, en medio de la selva, con el rostro demacrado y su salud presumiblemente deteriorada. Esa escena intensificó los reclamos para que sus captores la liberaran , porque se presumía que no lo resistiría.
Siete meses después, la ex candidata se presentó ante el mundo, con una libertad que le llegó, según sus propias palabras "de golpe", pero ni eso, ni "la anestesia del shock", le quitaron brillo a su intervención que fue matizada por incontables contactos físicos, tanto con sus compañeros de infortunio, como hacia quienes la rescataron y, obviamente, con su madre, hijos y allegados, conlos que ha tenido reencuentros durante los últimos cuatro días.
"Es admirable esta mujer. Se echó a los militares al bolsillo y de allá (cautiva) en la selva percibió la animadversión por las FARC y la popularidad de Uribe", declaró a AP Eduardo Chávez, quien asesoraba a Betancourt en la campaña presidencial que quedó frustrada tras su secuestro.
"Es muy claro lo que hace. Tuvo seis años para pensar qué iba a decir ese día" de su liberación, "y es claro que el plan sigue, como fórmula presidencial, con Uribe o sin él". agregó.
"Con ese gesto (de vestir camuflado del ejército) se metió a los militares en el bolsillo", dijo Chávez, según quien la política colombo-francesa nunca actúa sin calcular políticamente cada movimiento.